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Reportaje especial
Panamá, martes 8 de mayo de 2007
 

IRLANDA DEL NORTE.gobierno de unidad se pondrá a prueba.

Preparados para un cambio histórico

Hoy se inicia el experimento de compartir el poder entre católicos y protestantes en el Ulster.

Más que la unidad de Irlanda, lo que los habitantes del norte anhelan es paz, progreso y eficiencia.

REUTERS/Dylan Martínez/Files
FANTASMAS. Los enormes ‘graffitis’ con figuras de hombres armados aún adornan los muros de Belfast, mientras los norirlandeses tratan de construir la paz.846551
LONDRES/Reino Unido/DPA

Los atentados, asesinatos políticos y marchas de católicos y protestantes que a menudo acababan en ríos de sangre solían acaparar los titulares. Por eso, en Irlanda del Norte parecía imposible que algún día sucediera lo que hoyocurrirá en Belfast: un nuevo gobierno unirá a los dos frentes que durante tanto tiempo fueron rivales, haciendo posible que 1.7 millón de norirlandeses vean por fin más cerca la llegada de una paz duradera.

"Jamás, jamás, jamás pactaré con el demonio", juró una vez el reverendo Ian Paisley, líder del Partido Unionista Democrático (DUP). También Gerry Adams, cabeza de los católicos Sinn Fein -un partido nacido como brazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA)- tenía la mirada puesta en derrotar a los enemigos protestantes. Si no, ¿cómo podría solucionarse un conflicto cuyas raíces se remontan siglos atrás y que solo desde 1969 había causado 3 mil 500 muertes en un territorio tan pequeño?

El camino hacia la formación de un gobierno de unidad entre el DUP y el Sinn Fein, con Ian Paisley como ministro principal y el ex comandante del IRA Martin McGuinness como segundo hombre del Ejecutivo, fue largo, enrevesado y repleto de obstáculos.

Hace dos decenios, cuando la entonces primera ministra británica Margaret Thatcher aprobó que la República de Irlanda participara en los esfuerzos por lograr la paz en la provincia del Ulster, ese camino comenzó a allanarse. Así, en la década de los 90, el IRA fue abandonando gradualmente el terrorismo y dejó en manos del Sinn Fein el objetivo de luchar mediante la vía política por la fusión del norte de la isla con la república del sur. Y el conservador John Major, que sucedió de Thatcher como primer ministro, accedió a negociar con el partido católico.

El laborista Tony Blair continuó por esa senda cuando en 1997 se mudó al número 10 de Downing Street. Un año después se firmó el Acuerdo de Viernes Santo, legitimado por sendos referendos en la República de Irlanda y en Irlanda del Norte. Así, Dublín renunciaba a la unificación de la isla, cuya división se fraguó en 1921, poco antes de que el Estado Libre Irlandés lograra independizarse del Reino Unido.

Al mismo tiempo, las tropas paramilitares de católicos y protestantes manifestaban su disposición al desarme con el objetivo de desintegrarse, y sus combatientes fueron excarcelados. El Acuerdo de Viernes Santo no descartaba la reunificación en el caso de que la mayoría de los norirlandeses lo quisiera.

Pero cualquiera que hoy cruce la frontera entre la República de Irlanda y la provincia británica del Ulster entenderá por qué para muchos la unidad estatal ya no es lo más importante. Lo que anhelan los norirlandeses es una paz duradera, unas autoridades que funcionen y escuelas, hospitales, crecimiento económico, puestos de trabajo y seguridad, como en el sur de la isla.

Eso fue lo que votaron en las elecciones parlamentarias de marzo, al dar sus votos al principal partido protestante y al católico. Una llamada a que los dos viejos rivales comenzaran a colaborar.



 
 
 
 
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