Las estaciones climáticas no son antojadizas. Los días de sol tienen su época y los de lluvia también. Si se producen alteraciones y buscamos a un culpable, tendremos que mirarnos nosotros mismos. Tal es el caso de las inundaciones, en las que la mano del hombre invariablemente está presente. A veces, las empresas inescrupulosas o la ignorancia resultan responsables de estas calamidades, pero en otros casos, no hay que buscarlos tan lejos. Yace en la propia irresponsabilidad ciudadana.
Los ríos y otras fuentes fluviales se utilizan como recipientes de basura a los que se arrojan, sin miramiento alguno, objetos desatinados, como estufas, colchones y hasta juegos de comedor. ¿Cómo pretender no sufrir de inundaciones cuando se hace lo posible para lograrlo? A los ciudadanos nos toca tomar conciencia de que es nuestra responsabilidad mantener un entorno sano y limpio.
Si renunciamos a ello por la comodidad de botar la basura en la esquina o en el río, entonces que no nos sorprenda la incomodidad –y los daños– que produce el agua desbordada. Una actitud responsable puede prevenir y evitar catastróficas inundaciones. |