| SALUD.
Modelo tico. A la panameña, por favor
Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
Esta opinión, aclaro, la emito a título personal y no como integrante del grupo técnico de garantes, lo que esto último signifique. Después de todo, no sé si esta comisión presidencial tenga, en la actualidad, algún valor. De hecho, en la sub-mesa del diálogo de concertación, varios dirigentes, de esos a los que pisamos sus vergonzosos y robustos callos, asesinaron públicamente la hoja de ( )uta. Me resisto a creer que fuimos tontos útiles al servicio de estrategias políticas de despiste. Queda, al menos, la tranquilidad de que aportamos principios éticos y humanistas a favor del usuario del sistema, el único receptor que merece haber gastado tiempo valioso e irremplazable.
Después de meses de verborrea ideológica, por fin se escuchan propuestas alternas inteligentes. Las ideas esbozadas por el Dr. Carlos Pareja, médico responsable, genuinamente preocupado por el sector y el Dr. Franklin Espino, brillante colega, experto en organizaciones de salud, agregan frescura y lucidez al ambiente habitual de mediocridad y posición acomodaticia que rodea las deliberaciones. Ambos planteamientos buscan también un sistema unipolar, alcanzado de forma gradual, a través de una sincronización o de secretarías de armonización de micro-procesos. A mi juicio, no obstante, intentar nuevamente una coordinación interinstitucional me parece una forma agazapada de dilatar el objetivo anhelado, lo que podría dar tiempo a que sigan campantes los holgazanes o se drenen más las arcas del sistema.
La propuesta oficial, por su parte, elaborada al margen de los garantes, sugiere instaurar el modelo tico en Panamá. No es una apuesta novedosa. En previos artículos, varios columnistas habíamos plasmado esa posibilidad como alternativa de unificación en suelo patrio. Los jerarcas ministeriales han decidido desprenderse de la provisión de servicios de atención para dedicarse exclusivamente a la rectoría y a las labores de promoción, prevención y salud pública. En eso estoy completamente de acuerdo. Las funciones y responsabilidades que atañen a dichas actividades son numerosas y trascendentales. Si éstas se hacen de manera óptima, se puede controlar el 80% de los problemas de salud del país. El 20% restante está destinado al manejo de la enfermedad. Los garantes recomendamos que una nueva entidad, similar a la ACP, dotada de virginidad y carente de raíces putrefactas, administrara los tres niveles de atención. La línea gubernamental parece encaminada a que sea la CSS, y no Anas, la autoridad de mando global, emulando lo que sucede en tierra "pura vida". Si nos vendamos los ojos e ignoramos el ruido circundante, la meta es también alcanzar un sistema único, y, es de esperar, que cualquier tipo de unificación será mejor que la duplicación actual en que vivimos. No obstante, creo que debemos meditarlo seriamente antes de dar este crucial paso.
Me explico. Cuando se inició la reforma de unificación en Costa Rica, año 1993, esa seguridad social no estaba tan desprestigiada como la nuestra. La institución panameña ha demostrado, a lo largo de los años, ser administrativamente ineficiente y exhibir una crónica escasez de insumos y medicamentos. La planilla laboral está hipertrofiada y saturada de garrafones. Las jefaturas de servicios se han asignado tradicionalmente por movimiento de dígitos y no por evaluación de méritos. Lo que más pesa en su contra, sin embargo, es el todavía inolvidable envenenamiento de derechohabientes con dietilenglicol. Como si esto fuera poco, la junta directiva de la CSS está caóticamente conformada, supremamente politizada y técnicamente oligofrénica. Varios miembros de esta misma junta advirtieron de que Anas era una propuesta inconstitucional porque violentaba la reciente Ley 51. Me pregunto, ¿asumir ahora toda la atención de los habitantes del país no vulnera la misma ley? Aunque, seguramente, nada es más inconstitucional que prescribir veneno a los pacientes, dejarlos sin fármacos esenciales, anexarlos a listas interminables de espera quirúrgica o hacerlos venir de madrugada para, luego, que no reciban atención.
Por tanto, quisiera sugerir que si se decide implantar el modelo tico, pongámosle condimento criollo para degustarlo mejor y no sufrir de indigestión futura. No copiemos ni patrones yanquis (mucha calidad, poca equidad) ni castristas-bolivarianos (mucha equidad, poca calidad). Hagamos el cocido a lo panameño. Si nos equivocamos, al menos fue con receta autóctona. Dividamos la CSS en dos instituciones administrativas, una para salvaguardar y disponer de los recursos destinados a invalidez, pensión, jubilación y riesgo laboral y la otra dedicada exclusivamente a la atención. La primera (CSS-1) debe tener una directiva liderada por economistas, empresarios, trabajadores, auditada por Contraloría y presidida por el Ministro del MEF. La segunda (CSS-2) debe tener una directiva constituida por profesionales del sector salud, defensores de los usuarios, expertos en bioética y administración sanitaria, auditada por Contraloría y presidida por el Ministro de Salud. Ambas directivas deben gozar de real autonomía y susceptibles a ser auditadas por la ciudadanía en cualquier momento. Los hospitales, idealmente, deberían contar con patronatos o consejos de gestión que aseguren transparencia, eficiencia y productividad. Todos los puestos de mando deberán ser asignados mediante concursos cristalinos, sin injerencia gubernamental ni padrinazgo político. Debe haber un sistema rígido de certificación profesional y rendición de cuentas, a todos los niveles laborales, articulado de forma descendente, transversal y ascendente, donde se supervise también la responsabilidad del usuario con su propia salud. Debe haber una total reingeniería de procesos, actividades y mentalidades para depurar hasta el último vestigio de corrupción, desidia, incumplimiento, duplicación y despilfarro.
Independientemente de la propuesta que prevalezca, el producto final debe lograr que cada panameño posea un seguro público de salud, con derecho a ser atendido en cualquier puesto sanitario o centro hospitalario del país, bajo el lema equidad con calidad. Evidentemente, la financiación será la piedra angular de la reforma. Sueño, con que en un futuro no tan lejano y como señala nuestra Constitución, el Estado asuma la subvención total a través de impuestos fiscales, traspaso de cuotas obrero-patronales, excedentes de inversiones nacionales y gravámenes a empresas o actividades dañinas para la salud. Cuando esto suceda, la CSS-2 funcionaría como Anas, tal y como lo recomendaba la sobada y desechada hoja de ( )uta. Curioso, ¿no?
El autor es médico
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