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Reportaje especial
Panamá, viernes 4 de mayo de 2007
 

APROVECHANDO EXPERIENCIAS FORÁNEAS.

El metro es la alternativa

Carlos Christian Sánchez

Una de las ventajas de la cobertura periodística es ver la realidad de las cosas en otros lares y percatarse de lo bueno que pueden ser las políticas de modernización, cuando se aplican adecuadamente.

El haber estado en varios países del primer mundo me inculcó una clara visión de los objetivos en las investigaciones de prensa, sobre todo, en temas como el transporte público.

Durante una gira por Corea del Sur en octubre de 2005, observé uno de los sistemas de transporte más eficientes que existen en el mundo. Seúl, una metrópoli de 20 millones de personas, tiene la peculiaridad de estar en un valle bañado por el río Han. Al oeste está Inchón, su gran puerto y terminal aérea, mientras que al sur se ubica Suwon, centro de los poderosos chaebols (conglomerados) reconocidos como LG y Samsung.

Quien llega a Seúl debe utilizar la extensa red de metros urbanos, operado por trenes Daewoo, que cubren el centro de la ciudad. Sin embargo, en la capital coreana se deben tomar autobuses de alta capacidad, de la empresa Hyundai, en los suburbios.

Pese a que el metro de Seúl es el tercero más extenso del mundo (después de Tokio y Berlín), en las afueras de la urbe funcionan los buses alimentadores recogiendo las personas y trasladándolas hacia las estaciones del metro. Todo de forma sincronizada y organizada.

Esta especie de "transmilenio coreano", estaba totalmente planificado y vi muy pocos de los famosos buses articulados que tanto pregonan algunos como la solución a la crisis del transporte en América Latina.

También he tenido la oportunidad de visitar el metro de Montreal en Canadá, viajar en el subterráneo de Bruselas, en Bélgica, recorrer en el RER la bella París y subirme a un tren de alta velocidad de la Deutsche Bahn de Alemania.

En la ciudad de La Pocatiére, en Québec, presencié cómo hombres y robots fabricaban 19 vagones de trenes metro en un sólo día, para reemplazar las líneas del subway de Long Island.

Los sistemas de transporte entrelazados en una labor asombrosa, combinan diversas tecnologías como metros subterráneos, trenes ligeros y buses de alta capacidad, para garantizar la movilización de cientos de miles de personas por hora.

En nuestra labor periodística a nivel internacional, lo que hemos palpado en el terreno es que para desarrollar e impulsar el progreso de un país hay que dar a su pueblo un óptimo servicio de transporte colectivo masivo, que indudablemente es el tren urbano y sus variables.

Incluso, la modernización ferroviaria hasta genera satisfacción popular y eleva los niveles culturales. Me sorprendió siempre la educación de los pasajeros al abordar los vagones y de los conductores al manejar los vehículos en Europa, Asia y Norteamérica.

Por desgracia, hay líderes políticos en nuestra tropical América Latina que no tienen la visión futurística y la proyección de los grandes estadistas del pasado. Recién escuchamos con tristeza las declaraciones de un mandatario que en su momento dijo que había que hacer un sacrificio por hacer la ampliación del Canal de Panamá, "porque era necesaria para el progreso"; empero, con el transporte colectivo de la capital hay que buscar "lo más barato" por conveniencias políticas y coyunturales.

Harto está demostrado que el bus articulado que se pretende importar desde Colombia y Brasil es uno de los peores sistemas de transporte existentes, debido a su mala operatividad en ciudades como Bogotá y Santiago de Chile. Y al igual que Panamá, consecuentes gobiernos latinoamericanos deciden tomar esa tecnología para vender una falsa mejora de los pésimos servicios públicos de pasajeros locales, con estos vehículos problemáticos.

Japón acaba de anunciar que está efectuando un estudio para proyectar un sistema de metro urbano para Panamá, cuyo costo será de 700 millones de dólares y tardaría siete años en completarse.

Además, Tokio ofrecerá 400 millones para financiamiento, que según los técnicos que propusieron esta novedad "quiere dejar al pueblo panameño una obra que mejore la calidad de vida y sea paralela a la ampliación canalera".

Es una lástima que nuestros gobernantes se dejen influenciar por malas amistades y pésimos asesores, los cuales en el pasado los obligaron a cometer graves errores con el tema de la delincuencia, la seguridad social, la educación y el caos en el transporte público.

Aunque unos quieren tapar el sol con la mano, la ciudadanía panameña pide a gritos que se instale un tren urbano en la capital, sencillamente porque altera todo el panorama del transporte local: los conductores no podrán cambiar abruptamente la ruta del viaje, pues está obligado a ir por rieles y hasta sería automatizado.

Por ello uno se cuestiona: ¿Sabrán los sudamericanos más que los japoneses y los coreanos en el tema de transporte público? Yo creo que no. No más hay que ver que los asiáticos tienen la mejor organización y logística en este tema, además de poseer excelentes redes de metros en las ciudades de Osaka y Tokio.

En Panamá, los japoneses han hecho innumerables estudios sobre el urbanismo, la viabilidad y el transporte. Son nuestros socios confiables en la ampliación del Canal. En tanto, la mejor tecnología en trenes urbanos e interregionales la posee la tierra del sol naciente.

Ojalá que en el 2009 tengamos un Gobierno que sea visionario y se atreva a poner orden en el tema del transporte, instalando de una vez por todas un sistema de trenes urbanos para sacar de circulación a los "diablos rojos". El pueblo panameño se lo merece. Basta ya de abusos y mezquindades politiqueras.

El autor es corresponsal de la BBC en Panamá



 
 
 
 
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