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Reportaje especial
Panamá, viernes 4 de mayo de 2007
 

DRAMÁTICA SITUACIÓN.

Manglar: ‘vivo o muerto’

Adán Castillo Galástica

Hace tiempo escucho las angustias del Dr. Stanley Heckadon sobre la amenaza que pesa sobre los manglares en la costa atlántica. Desde su atalaya en Punta Galeta, donde el Instituto Smithsonian mantiene un Laboratorio de Investigaciones Marinas, Stanley indaga, enseña, divulga y alerta: De seguro la devastación, la costa y ciudad de Colón, quedará expuesta a los fuertes oleajes del mar Caribe, incluso a los vendavales. La estación misma donde se forman investigadores de diversas partes del mundo, está en peligro. El manto protector que significan los manglares, va desapareciendo.

Aquello es en el Atlántico. En el Pacífico la situación es dramática. Recientemente escuché una charla del Dr. Richard Pretto Malca, administrador general de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá -ARAP- recio conocedor de estos menesteres, sobre sus potencialidades y las cuantiosas inversiones, algunas ya en camino: Los manglares representan un mundo realmente maravilloso, afirma Pretto, con la solvencia de su autoridad científica y larga experiencia en campo. Con sus poderosas raíces aéreas, el mangle extrae de las profundidades costeras cientos de quintales de nutrientes que luego son devueltos al mar. Por el proceso de fotosíntesis sus hojas al caer, se descomponen liberando potasio, fósforo y nitrógeno (abono completo) que fertiliza las algas y el pasto marino. Y lo que es muy importante, de nutriente de infinidad de organismos acuáticos. A partir del manglar, se inicia una cadena trófica, es decir, de multiplicidad de vidas; en nuestro caso, no solo para Panamá, sino para otras latitudes por las corrientes marinas. No es casual la proliferación de los emblemáticos camarones, pero además, me señala Pretto Malca, el mangle amortigua la furia de las olas y los vientos, la erosión y hasta nos previene de un eventual tsunami, como ha ocurrido en otras partes del mundo.

No obstante, y a pesar de estas y otras bondades, existe una embestida contra los manglares, que se acentúa despiadada en las últimas décadas. Tal si se tratase de un enemigo mortal. Su exterminio está a la orden del día para dar paso a proyectos inmobiliarios, turísticos y portuarios. En la forma que se realiza, repercute en los reservorios de camarones, cangrejos, almejas y otras tantas especies. Si a esto agregamos la sobrepesca, contaminación y el cambio climático, debemos concluir que la situación se agrava para la pesca artesanal y para la industrial.

¿Qué hacer? Desde hace mucho, he conversado con especialistas en la materia. Coinciden que en primer lugar se impone el ordenamiento de los recursos marinos, incluyendo los costeros. En segundo lugar, sentar el criterio de que el crecimiento económico no está por encima de los recursos de la naturaleza. Ciertamente que en el caso de Colón, por ejemplo, exista una presión portuaria. Tampoco es casual. Por allí pasa el 25% de todos los contenedores mundiales y un 5-6% de la carga (rutas largas) marítima del mundo. Se mueve allí la friolera de U$14,000 millones anuales. Pero ello no justifica que tengamos que arrasar con los otros bienes que nos legó la naturaleza.

De lo que se trata, según los entendidos, es que el desarrollo debe armonizar con la conservación, es decir, garantizar la sostenibilidad de los recursos, la economía y el bienestar humano. Definir y fijar claramente, con rigor científico y social, los valores de impacto ambiental y mecanismos de mitigación verdaderamente efectivos. Amén de los intereses creados y la benevolencia judicial.

Quienes durante muchos años hemos estado en estos avatares, vemos con satisfacción que ahora exista un organismo definido, responsable del ordenamiento del sector pesquero y acuícola, o sea aquel que ataca al hambre marginal a través de piscicultura de granjas.

No se oculta que ARAP va a tropezar con incontables escollos, la voracidad desenfrenada de algunos, así como el desconocimiento del conjunto de la población sobre nuestros mares y potencialidades. Pero confiamos que no solo los manglares, sino los arrecifes coralígenos, los bosques, aguas y demás virtudes naturales, no serán presa del saqueo, ni la impunidad. Conservación y desarrollo con sostenibilidad es el principio de una cultura productivo-ambiental, equilibrada y racional.

El autor es comunicador y promotor agroambiental para el desarrollo sostenible



 
 
 
 
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