Los procesos de integración regional son harto complejos. Son como mecanismos de relojería en los que los engranajes deben estar bien aceitados y sincronizados. Y lograrlo toma tiempo... largo tiempo. Eso lo sabe perfectamente la Unión Europea, que le ha tomado décadas perfeccionar su propia integración sin que aún sea perfecta.
Los integrantes de este bloque tenían a su favor el deseo de unirse, la riqueza para soportar los cambios y una larga historia de convivencia. Por ello resulta extraño que a los países de Centroamérica con todos estos factores en contra –y muchos más por descubrir– los europeos les exijan una integración que ni siquiera funciona individualmente en cada nación en cosas tan simples como tener una sola visión de país o políticos que trabajen unidos en asuntos de Estado. Con justa razón está molesto el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, con la Unión Europea, que le exige integrarse a la región como requisito para negociar un acuerdo de asociación.
La imposición ni comienza ni termina bien y eso lo saben los europeos tan bien como nosotros. |