| WASHINGTON.
Merkel optimista por reacción de Bush sobre política ambiental
| AFP/Gerard Cerles |
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Ulrich Scharlack y Laszlo Trankovits
La canciller alemana Angela Merkel no se dejó conmover en su optimismo: los puntos de acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea en la cuestión del cambio climático son grandes.
"Hemos dado un paso al frente", declaró ayer tras reunirse en su condición de presidenta de turno de la UE con el presidente George W. Bush en Washington.
El mandatario estadounidense estaba de pie a su lado en el soleado jardín de rosas de la Casa Blanca, sonriente y sin contradecirle en nada. Pero los dos sabían que se había gestado tras arduas semanas de negociaciones un documento europeo-estadounidense que reconoce graves problemas comunes, pero en el que se acuerda apenas un accionar común bastante vago para la protección del medio ambiente.
En la conferencia de prensa de clausura de la cumbre EU-UE quedó claro también que se mantenían diferencias sustanciales. Merkel habló de "puntos de partida diferentes", Bush de los caminos propios que debía encarar cada país, de la prioridad de los desarrollos tecnológicos, dando de modo indirecto una nueva negativa a la demanda de limitación de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Los europeos ven de todos modos que finalmente se ha movido algo la postura estadounidense. Merkel espera incluso que hasta fin de año tal vez logre movilizar a Bush para participar de una amplia acción conjunta internacional para prevenir un nivel de cambio climático que podría ocasionar grandes catástrofes.
Es que al iniciarse en enero el diálogo trasatlántico parecía poco probable que Washington se declarase dispuesto a hacer "lo mejor posible" para limitar los gases de efecto invernadero, señalaban fuentes alemanas. Durante mucho tiempo los estadounidenses ni siquiera aceptaban que el cambio climático tuviese origen en la actividad humana.
Esto es algo que, sin embargo, ya había cambiado hace tiempo, no solo porque en Estados Unidos comenzó a registrarse un cambio en la forma de pensar sobre la protección del clima. Pero aun cuando el mismo Bush ya viene señalando al cambio climático como un serio peligro, no ha superado en cambio su profunda desconfianza con respecto a las regulaciones estatales e internacionales. Esto parece volver a evidenciarse ante el comienzo de la Conferencia sobre Cambio Climático en Bangkok: Estados Unidos y China siguen ocupando el papel de grandes bloqueadores de medidas globales contra el cambio climático.
Lo único concreto en la declaración EU-UE fue el anuncio de una cooperación en el desarrollo de generadores de electricidad libres de emisiones de CO2 y en el de biocombustibles. De todos modos hay también un reconocimiento de la importancia de la eficiencia en el aprovechamiento de la energía, un tema que hasta hace poco no parecía tener ninguna relevancia para el mayor consumidor energético del mundo.
Y lo más importante para Merkel: EU se compromete a colaborar en la confección de una agenda constructiva para la conferencia de medio ambiente de Bali en diciembre, donde se deberá elaborar un nuevo acuerdo marco para la protección del clima, sucesor del Protocolo de Kyoto.
El acuerdo entre Estados Unidos y la UE sobre una nueva cooperación económica, que tiene por objetivo liberar nuevas potencialidades de crecimiento a ambas orillas del Atlántico, también había sido cuidadosamente preparado antes de la reunión cumbre. La "eliminación de obstáculos" suena bien, en tanto se apunte a una reducción de la burocracia en las relaciones económicas y comerciales. Claro que el éxito de esta meta depende de si los burócratas de uno y otro lado se ponen realmente de acuerdo en los próximos años para eliminar de los requisitos paraarancelarios determinados tests de impacto o pruebas de productos cosméticos.
Merkel dejó en claro cuánto le vale Bush como aliado al tocar el delicado tema del sistema antimisiles que pretende instalar el mandatario estadounidense en Europa oriental. Bush mencionó las constantes consultas mutuas por videoconferencia, destacando cuánto valoraba y seguía los consejos de Merkel. Señaló que tomaba muy en serio las preocupaciones europeas, que Merkel le habría explicitado muy prolijamente. Por ello habría enviado a su secretario de Defensa Robert Gates a Moscú, para explicar las verdaderas intenciones de Estados Unidos al presidente Vladimir Putin, para convencerlo de que el escudo antimisiles también responde a los intereses rusos.
Bush no mencionó si Putin había coincidido con este pensamiento, pero no dejó dudas sobre la importancia que asignaba al punto de vista de Merkel. Tal vez radique en esto el optimismo de la canciller alemana de que logrará arrastrar a Bush a mayores concesiones en la lucha contra el calentamiento global.
DPA
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