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Reportaje especial
Panamá, jueves 26 de abril de 2007
 

VIENE DE LA 1B. EL OFICIO DE ESTATUA ENTRE PANAMEÑOS.

Mírelo y no lo toque

Raggo está en trámites para hacer una presentación que le permita entrar en los Guinness.El actor ha logrado el reconocimiento y tiene clientes que lo buscan. Ya no tiene que tocar puertas.

LA PRENSA/Eric Batista
ARTE. El artista hace su vestuario. Compra la ropa y la pinta. 840533
Roxana Muñoz
rmunoz@prensa.com

"Aquí en Panamá me han degenera’o el arte" dice resignado pero sonreído Martín Raggo cuando piensa que en sus presentaciones de estatua (un personaje disfrazado que se coloca en un sitio público y no se mueve) nunca puede quedarse completamente quieto.

Raggo se tiene que mover y a veces jugarle una broma al público porque si no "me muero de hambre". Se refiere a que de lo contrario nadie le pondría ni un real de propina, la gente al no estar acostumbrada a este tipo de expresiones artísticas le pasa de largo. Por otro lado, el artista se ha encontrado aquí con que los panameños son sumamente curiosos se le quedan mirando, tratan de tocarlo, cuidado de pellizcarlo para ver si es o no de verdad. Ni se diga de los niños sin supervisión que son tremendos.

Para mantenerse impávido, él cuenta que entra en cierta meditación, la cual cuesta mucho lograr en la mitad de una feria de Atlapa. Su cuerpo está entrenado para lograr esa quietud. Utiliza ciertos trucos para pestañear y rotar de posición de lo contrario quedaría "embalsamado". También respira de forma medida lo que después de cierto tiempo le genera molestias en la garganta y en la nariz.

Raggo ha enviado una propuesta para los señores del Libro de Récords Guinness con el cual espera aspirar a romper el récord de la estatua humana que ha durado, según cuenta, unas 28 horas. Para lograr esta marca también le permitirían moverse e ingerir líquidos.

En su papel de estatua, siempre se coloca en un pedestal, "eso es porque nunca ves a una estatua a ras del suelo".

Raggo quien nació en Uruguay, cuenta que acá en Panamá también lidia con el calor. Varias presentaciones las hace por el área del Causeway a eso de las 4:00 p.m. cuando el sol todavía tiene fuerza.

Los locales comerciales como los restaurantes le dan espacio según él porque esto le da vistosidad, la gente luego relaciona el sitio con el lugar donde vieron al mimo y si se toman una foto con la estatua probablemente salga atrás el lugar.

Confiesa que ha logrado vivir de su arte. Está feliz de que la gente ya lo reconozca y no tiene problema con que lo imiten. Anda en su moto por las calles de la ciudad y de repente alguien que lo ve —incluso de espaldas— y dice ‘ey, allí va el mimo’ o ‘¿esa es la estatua’’. "Qué bien que hasta por detrás me reconocen", comenta.



 
 
 
 
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