| ESTRATEGIA.
Los caminos de la concertación
Stanley Muschett Ibarra
Cuando se diseñó la estrategia y metodología para llevar a cabo la consulta con la ciudadanía y los grupos que la representan como parte decisiva del Proceso de Concertación Nacional para el Desarrollo, puede decirse que sin duda se tuvo muy presente que dicha herramienta debía procurar que la consulta fuera lo más amplia y participativa posible, dentro de la prudencia y requerimientos propios para el adecuado manejo de tan particular grupo de personas.
De alguna manera, lo que se hacía no era otra cosa que definir los caminos que habría de tomar la concertación, para no llamarle "hoja de ruta", por lo cuestionado del nombre en algunos círculos y personas. Debía ser una metodología orientada a que poco a poco, estos caminos debían ir confluyendo a través de un eje común, ya que no importaba desde dónde partían sino más bien hacia dónde debían converger a fin de unirse en un gran punto que no es otro que el acuerdo en torno al Panamá que queremos y nos merecemos todos.
Algunos de estos caminos son los que se recorren en cada una de las sesiones semanales de las mesas organizadas alrededor de los cuatro ejes que han servido para orientar y enmarcar la discusión que en forma generosa se realiza, sin ignorar los necesarios ajustes. Otros, son caminos que van saliendo al encuentro de quienes hemos sido honrados con recorrerlos como parte de este proceso que busca incorporar la visión de nuestras provincias y comarcas a la concertación.
Estos caminos tienen identidad propia que le viene impresa por cada una de las comunidades con las que conversamos. Hoy quiero referirme a algunos de ellos, a algunos que como resultado de diversas combinaciones de medios de transporte, nos salen al encuentro como el camino polvoriento (mientras no caigan las lluvias) que lleva al Bale de Cañazas, unos 14 kilómetros tierra adentro desde la carretera Panamericana, un poco más allá de Santiago. Combinando avión, panga (Virgen María de Guadalupe) y bote pequeño, se vuela por los aires, se navega por el mar en la bahía de Chiriquí Grande (esta vez en total calma y en compañía de delfines) y se remonta el majestuoso río Krikamola (algo seco por el verano), con sus hermosos rápidos, hasta llegar a la comunidad de Kankintú.
Estos dos caminos y estos destinos concentran mi atención hoy porque son resumen de un esfuerzo de humanización y expresión viva de la entrega de misioneros de la Iglesia católica comprometidos en la promoción de nuestros hermanos indígenas y campesinos. Con su presencia y acompañamiento, animan "misiones" que buscan atender las carencias materiales y espirituales de aquellos para quienes Panamá es todavía un espacio en donde conviven diversos pueblos marcados por las dispares diferencias, pero también para quienes la esperanza es algo con lo que se amanece cada día. Comunidades acompañadas por sacerdotes y religiosas, por maestros dedicados y sensibles, por funcionarios de sencillez en el trato, "misiones" enriquecidas con la algarabía de los niños descalzos que atienden la escuela, escuelas construidas por sacerdotes miembros de la orden de los agustinos recoletos, convertidos en ingenieros y maestros de obras, como en Kankintú, o niños hospedados en albergues provistos por el esfuerzo de sacerdotes diocesanos y religiosas, como en el Bale.
Son caminos que en unos minutos dejan atrás, como si fuera otro tiempo y otra humanidad, las comodidades de la civilización para golpearnos con la elocuencia de todo lo que hace falta para una vida digna. Estos caminos pueden ser mejorados si superando suspicacias y deponiendo afanes egoístas, hacemos espacio para escuchar y sentir a aquellos que tienen menos. Es un deber, una misión y una oportunidad que nos llama a todos, una vez más. Hay otros caminos, recorridos y por recorrer.
Hoy quise hablar de estos, de los caminos llenos y ricos de humanidad, de esperanza y de los esfuerzos de estos misioneros por seguir siendo humanos. Mañana, en otra ocasión, serán caminos con otros rostros, pero con los mismos afanes. Pero caminos al fin y al cabo con la identidad propia de las comunidades que los habitan y que confían en los resultados de la Concertación Nacional para el Desarrollo para vivir mejores días.
El autor es coordinador de la Consulta Provincial y Comarcal. Equipo Facilitador de la Concertación Nacional para el Desarrollo
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