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Reportaje especial
Panamá, jueves 26 de abril de 2007
 

CAZA DE DELFINES.

Viven en otro mundo o hay gato encerrado

Luis R. López

Los administradores de la ARAP parece que viven en otro país que no se llama Panamá o hay grandes gatos encerrados. Todas las autoridades en este país están tratando de hacer que Panamá sea más ecológico y atractivo para inversión turística extranjera y el desarrollo sostenible. Por el contrario, los administradores de la Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP) están viendo cómo hacen para traer a los piratas que alejan a los turistas y a los inversionistas en la industria del turismo y la construcción.

Nadie puede decir que no ha visto cómo, a la fuerza y con el juega vivo, han pasado un acuerdo para lograr la caza de delfines. A pesar de que algunas asociaciones habían aceptado el cautiverio de delfines con fines científicos y turísticos, cambiaron los acuerdos para hacer lo que les daba la gana sin ningún tipo de control ni consideración.

Lo peor de todo es que esto no es lo único que se tienen entre manos los administradores de la ARAP. No nos olvidemos que en diciembre sin siquiera haber tomado posesión de sus cargos estaban tratando de pasar un madrugonazo y cambiar la ley de Coiba para permitir la entrada de barcos atuneros a Panamá con la excusa de que solamente era para las granjas. Afortunadamente, nuestros diputados no lo permitieron. Todo el mundo sabe que las granjas atuneras son la máscara para la entrada de la pesca indiscriminada de los atuneros en aguas panameñas. Además, tenemos que ver el daño ecológico que presentan las granjas atuneras, ya que es probado que son los criaderos de grandes epidemias y contaminaciones en las aguas donde se ubican.

Como ellos dicen, todo sea por crear empleos en la región de Puerto Armuelles. ¿Y dónde quedan los miles de empleos que destruyen en todo el país con la entrada de los atuneros? Será que ellos no ven que hay miles de personas que viven de la pesca que perderían su sustento tanto en la región de Puerto Armuelles, como en todo el país. Parece que tampoco ven los aviones llenos de turistas que ahora llegan directamente a Chiriquí. Estos turistas no buscan áreas infectadas y dañadas por la industria del atún y las granjas. O será que los viajeros de estos vuelos son industriales que vienen a ver granjas atuneras. ¡En qué país viven! Cada vez que sentimos que ganamos una batalla salen nuevamente con sus intenciones de traer a la industria atunera a nuestras aguas. Yo me preguntaba, ¿por qué? Alguien me dio una respuesta muy sencilla. Estos señores de la industria atunera no tienen nada que perder porque saben que nadie los quiere, pero que siempre encuentran algunos inescrupulosos que están dispuestos a promover su negocio sin importar las consecuencias. En otras palabras, están dispuestos a llegar a cualquier lugar donde consiguen sus objetivos por plata y no importa lo demás. Todos pensamos que la llegada de la ARAP era para regular la industria de pesca para que miles de panameños pudieran seguir viviendo de la pesca y otros muchos miles pudieran ahora vivir del turismo. Nuestra única esperanza es que los dirigentes de la ARAP quieran un poco a su país y tengan toda la intención de hacer las cosas correctamente y como lo merecemos los panameños.

Por cierto, Smithsonian, National Geographic y The Nature Conservancy han manifestado en varias informes, los cuales los dirigentes de la ARAP han visto, que las granjas atuneras son camino a un desastre ecológico en todo sentido. Incluso National Geographic en su publicación de abril desenmascara los daños que han hecho los señores dueños de las granjas que quieren establecer en Panamá, pero aquí la ARAP los presenta como la maravilla. ¿A quién le debemos creer, a la ARAP o a estas organizaciones internacionales del más alto prestigio?

Confiamos en que cuando estos administradores de la ARAP traten nuevamente de modificar la ley de Coiba con argumentos falsos e incorrectos, ni los diputados ni el Presidente de la República lo permitirán.

El autor es abogado



 
 
 
 
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