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Reportaje especial
Panamá, jueves 26 de abril de 2007
 

MALA COSTUMBRE.

Sigan a la bolita saltarina

45Maritza Lowinger

Cuando mis hijos eran más niños, nos gustaba sentarnos frente a la televisión y cantar las hermosas melodías infantiles que nos enseñaba la bolita saltarina, una bolita que iba saltando encima de las palabras que componían la canción de manera que podíamos seguir la melodía sin equivocarnos. A través de los años, hemos utilizado la bolita saltarina para indicar cualquier momento en nuestras vidas cuando debíamos seguir a alguien o a algo para no perdernos en el camino. Solo decíamos Just follow the bouncing ball (Solo sigue a la bolita saltarina).

He notado que en nuestro país (no me interesa hablar de los otros) hay muchas personas que tienen la mala costumbre de seguir a la bolita saltarina sin importar sus consecuencias. Me refiero a aquellas personas que sin tener criterio propio, que sin saber defender sus principios y sus ideales, siguen una moda, un ideal, un pensamiento o a una persona. Por ejemplo, he visto a muchachas que son "un poco" rellenitas usando mini faldas o pantalones a la cadera dejando a la vista toda la masa corporal; y por el otro lado, he visto a algunas flacuchentas, anoréxicas, que son solo hueso y piel usando la nueva moda de los pantalones de lycra dejando ver dos palitroques solo por seguir a la bolita saltarina de la moda.

También he notado cómo algunos se dejan llevar por la bolita saltarina del famoso. He oído con mis propios oídos (redundancia propia) a personas que dicen: "Oye, ese famoso escritor es lo máximo. Yo he leído casi todos sus libros. No entiendo ni jota lo que quiere decir, ni entiendo el mensaje que quiere dar, pero ese tipo escribe de una manera excelente, maravillosa". O, el caso de un famoso del patio que de pronto empieza a aparecer en la TV, en el periódico, en las revistas y hasta en la sopa. Los seguidores de la bolita saltarina no tienen ni siquiera la menor idea de quién es ni por qué es tan famoso, pero segurito que si se lanza a presidente de la República, gana.

La bolita saltarina del pensamiento tiene muchos seguidores. Son aquéllas personas que, porque su papá, su mamá, su abuelita y Serafín piensan igual, ellos también tienen que pensar igual. Para las pasadas elecciones, una conocida mía me dijo que le gustaba al candidato X porque pensaba que él era el mejor, y que el país necesitaba de personas como él para poder mejorar las malas condiciones en que nos encontrábamos. Después de las elecciones, me comentó que finalmente votó por el candidato Y. Le pregunté cuál fue la razón que la hizo cambiar si estaba tan segura del candidato X y, así nada más, me contesto: "Porque mi familia votó por Y".

Podemos dar muchos ejemplos de los que siguen a la bolita saltarina de los héroes. Héroes son nuestros padres, hermanos mayores (sí, hay hermanos mayores que son nuestros héroes) y amigos, por decir los más cercanos. Y por seguirlos a ellos, dejamos de ser nosotros mismos. Conozco a alumnos que van a la universidad a estudiar la misma profesión de su padre, queriendo estudiar o ser otra cosa. Conozco amigas que son igualitas a sus amigas: se peinan igual, se visten igual, piensan igual, actúan igual. Tenía una amiga que primero me preguntaba mi opinión sobre un tema para luego ella opinar y, adivinen qué, su opinión era igualita a la mía.

Así es la bolita saltarina panameña: llena de seguidores. ¡Cómo nos dejamos llevar por la opinión, criterio, pensamiento y creencia (todos sinónimos) de los demás solo porque no tenemos la capacidad de tener el propio! Y si por casualidad tenemos la capacidad, ¿por qué no la hacemos valer?

Menos mal que cada año que pasa leemos o escuchamos que muchos seguidores de la bolita saltarina están hastiados de continuar con ese juego y se están saliendo de la fila de los no pensantes para entrar en el campo de los pensantes. Porque, después de todo, la bolita saltarina ya pasó de moda.

La autora es comunicadora social



 
 
 
 
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