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Reportaje especial
Panamá, sábado 21 de abril de 2007
 

ELECCIONES.42 MILLONES DE VOTANTES DECIDEN EL FUTURO DEL PAÍS GALO.

Una Francia indecisa va a las urnas

La crisis de los suburbios de 2005, aparejada al tema migratorio, gravita sobre las elecciones francesas.

La campaña electoral no logró concentrar la atención del público en un solo tema y saltó de un tópico a otro.

Aristides Cajar Páez
acajar@prensa.com

Desde las vallas publicitarias de París, un grupo de mutantes observa el rápido y despreocupado paso de los transeúntes.

Capas de afiches políticos que se superponen unos a otros, que pelean centímetro a centímetro el espacio visual van cambiando con el paso de las horas. Alguien arranca un pedazo de rostro sonriente: debajo surgen otros labios y otros ojos y otras palabras cargadas de promesas similares.

Ojos socialistas para rostros conservadores y narices centristas, cíclopes sin orejas, largos cabellos en caras ciegas. La confusión de los afiches deformados solo acrecienta la incertidumbre entre los electores que acudirán mañana domingo a decidir el futuro de un país fundamental en el devenir de la Europa unida.

Precisamente una de las características que marca a estos comicios es el elevado número de indecisos, que hasta poco antes de las elecciones se mantenía por arriba del 40%.

Unos 42 millones de electores podrán votar mañana en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas para elegir al sucesor de Jacques Chirac, quien ocupa el cargo desde 1995.

Si ningún aspirante obtuviera la mayoría absoluta de los votos emitidos (50%+1 voto), los dos pretendientes más votados deberán enfrentarse en un balotaje el 6 de mayo de 2007.

CAMPAÑA ERRÁTICA

La campaña electoral de las elecciones presidenciales francesas de 2007 careció de grandes temas que centraran el debate, y la marcó un gran interés popular, los rumores y una avalancha de encuestas y publicaciones.

La "fractura social" y la "inseguridad" marcaron las campañas de 1995 y 2002, respectivamente, pero en esta contienda los espectadores asistieron a una fría sucesión de temas electorales.

La campaña comenzó oficialmente el pasado 9 de abril, pero en realidad ya había arrancado a finales del 2006.

El tema ecológico le dio inicio, con el "pacto" propuesto por el activista y famoso presentador de televisión Nicolas Hulot y que firmó la mayoría de los 12 candidatos.

Luego siguió el debate sobre el exilio fiscal a Suiza protagonizado por la estrella del rock francés Johnny Hallyday, que le valió comentarios irónicos al conservador Nicolas Sarkozy por contar con al apoyo del artista para su carrera al Elíseo.

El alboroto de la presión fiscal francesa sobre las grandes fortunas pasó rápidamente al olvido con la lucha contra la pobreza y la ayuda a los "sin domicilio fijo" que una asociación de nombre caballeresco, "Los Hijos de Don Quijote", impuso con la instalación de tiendas de campaña en París y otras ciudades.

El debate sobre la transnacionalización industrial y el papel del Estado ante ese fenómeno de la globalización se coló en la campaña a finales de enero a raíz de las dificultades del constructor aeronáutico europeo Airbus, pero tampoco tuvo demasiado eco.

La promesa de Sarkozy (favorito en las encuestas) de crear un Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional, atizó la hoguera de la controversia, pero no logró centrar allí el debate.

Su rival socialista Ségolene Royal (segunda en intención de voto) contraatacó con otras propuestas nacionalistas al pronunciarse a favor de enseñar a todos La Marsellesa (el himno nacional) y promover que cada hogar disponga de una "tricolor" (la bandera francesa).

En el cuarto lugar de las encuestas, tras el centrista Francois Bayrou, se atrincheró el ultraderechista Jean-Marie Le Pen, que logró en 2002 clasificarse para la segunda vuelta. Se jactó de que todos "corrían" tras sus ideas, como la inmigración o la inseguridad.

A juzgar por los índices de audiencia, los franceses se han apasionado por esta campaña llena de incertidumbres y curiosidades.

Así, pese a que el desempleo, el problema de la vivienda y la caída del poder adquisitivo son las mayores preocupaciones de los ciudadanos, esas cuestiones apenas concentraron el debate electoral.

Los juegos de alianzas, el terrorismo en el Magreb y los llamados al "voto útil" marcaron la recta final a la primera vuelta del domingo, precedida de un récord absoluto de sondeos.

SUBURBIOS ARDIENTES

Las violentas revueltas sociales de 2005 quedaron para siempre grabadas en la memoria de los franceses. Pocas veces el país había visto de manera tan evidente el descontento que reina en los suburbios de las principales ciudades francesas. Dos años después, sin embargo, esas "zonas sensibles" que los políticos prefieren por lo general evitar, recibieron el desfile sucesivo y en plan proselitista de casi todos los candidatos a las elecciones presidenciales de mañana domingo.

Estos barrios marginales se convirtieron así en lugares de importancia clave para los comicios. Desde que los suburbios ardieron y dejaron ver esa otra cara del país a una Francia aterrada, la respuesta a la violencia surgió de los referentes locales de esa misma juventud hace no mucho enardecida. Los cantantes de rap y de hip hop, apoyados por organizaciones de base, iniciaron hace un año una ambiciosa campaña para promover el voto.

VISITA A LOS BARRIOS

Los suburbios con sus problemas, sus diferencias y sus injusticias, llamaron así la atención y ocuparon un lugar en la campaña del próximo presidente de Francia, quien sea que gane. Más aún, los aspirantes al Palacio del Elíseo creyeron posible sacar provecho político acudiendo a aquellos barrios. Todos lo hicieron y algunos hasta lo anunciaron y lo convirtieron en un espectáculo para los medios. Otros, como Le Pen, montaron una operación secreta para llevar allí a los periodistas. Este lo hizo a primera hora del día, para evitar alguna escaramuza entre los habitantes del lugar y sus guardaespaldas.

El candidato conservador, Nicolas Sarkozy también hizo una arriesgada visita sorpresa allí. Sus rivales dijeron, no sin cierta ironía, que el ex ministro del Interior tenía "prohibida la entrada" a los suburbios por haber tratado en 2005 de "lacra de la sociedad" a los jóvenes que por entonces quemaban vehículos cada noche. Al igual que Le Pen, Sarkozy realizó una visita relámpago a uno de esos barrios, muy temprano a la mañana, para evitar problemas.

Las elecciones presidenciales podrían marcar un punto de inflexión en la política del país, a partir del abanico de ideas planteadas. Entonces tal vez se pondrá fin a la incertidumbre.

Europa está fuera del radar de los candidatos franceses

La construcción europea ha sido la gran ausente de la campaña para las elecciones presidenciales en Francia, menos de dos años después de que sus ciudadanos rechazaran en referéndum el proyecto de Constitución.

Si la política exterior ha ocupado poco espacio en general en las intervenciones de los candidatos, ni siquiera el futuro de la Unión Europea (UE) –en particular– ha generado un gran debate, lo que resulta chocante si se compara con la fuerte movilización y polarización que generó la consulta popular de mayo de 2005.

El ‘no’ francés abrió una crisis en la UE, que todavía se interroga sobre su futuro y mira con interés las elecciones para saber quién dirigirá los destinos de Francia en los próximos cinco años y si será posible salir del actual callejón.

A ese respecto, los programas de los principales candidatos y algunas intervenciones públicas dan algunas pistas sobre su actitud.

Así, el conservador Nicolas Sarkozy ha propuesto un tratado simplificado que integre los asuntos institucionales, y ha dejado para más adelante el debate sobre las cuestiones sociales y políticas.

La socialista Ségolne Royal y el centrista Franois Bayrou optan porque un nuevo texto sea sometido a referéndum.

Royal defiende la parte institucional del tratado de 2005, pero quiere incorporar más conquistas sociales.

Bayrou también apunta la conveniencia de una Europa más social y, sobre todo, que el texto sea "sustancial, sencillo y comprensible".

Ausente por completo del debate electoral se encuentra la relación de Francia con Latinoamérica.



 
 
 
 
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