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Reportaje especial
Panamá, viernes 20 de abril de 2007
 

MENSAJES DE AUTOR.

Masacre de Virginia

Gabriele Chwallek

Washington. -Un nuevo horror reina no solo en Blacksburg, estado norteamericano de Virginia. El lunes por la mañana, poco antes de la masacre que dejó unas 30 víctimas, según presume la policía, el estudiante surcoreano Cho Seung-Hui grabó un CD con videos y confusos mensajes: el legado de un asesino perturbado mentalmente.

Luego llevó su trabajo al correo, con sangre en sus manos. Atrás había dejado dos muertos en una residencia estudiantil, para pagar a continuación los cerca de 13 dólares de gastos por el paquete que envió a la cadena NBC. Luego volvió al campus de la Universidad Politécnica de Virginia y finalizó lo que había empezado dos horas y media antes. El resultado fue de 32 muertos y el suicidio de Cho.

Parece que los mensajes de horror no acabarán nunca en Blacksburg. De a poco se va conociendo un poco más sobre el joven que en una extraña mezcla de sangre fría y confusión disparó indiscriminadamente contra sus compañeros y profesores. Que la NBC emitiera en la noche del miércoles partes del video, según la cadena, "tras una cuidadosa y detenida reflexión", indignó a muchos en la comunidad universitaria, e incluso la policía expresó su decepción.

"Fue como un golpe en la cara", dijo al Washington Post la estudiante Kristin Fleming-Dhal, de 19 años. Kristin supone lo que tantos otros piensan: La pose amenazante que Cho adoptó con dos armas en sus manos, como en un videoclip, podría ser lo último que vieron muchas de las víctimas antes de ser impactadas por las balas.

Expertos del Buró Federal de Investigaciones (FBI) trabajaban ayer en el análisis del mensaje. De todas formas la policía no espera que surjan muchos datos nuevos. El mensaje enviado confirma lo que ya revelaba otro escrito encontrado en la habitación del atacante, indicó el jefe policial de Virginia Steve Flaherty: Los incoherentes razonamientos de un joven psicótico, que oscilaba entre la realidad y un mundo inventado por él.

Está claro que Cho dedicó varios días a su composición multimedia de escenas de video y mensajes orales antes de grabar el CD. El cambio de escenario demuestra ésto. Hay ocasiones en que Cho lanza sus mensajes de odio contra los ricos desde un auto, en otra oportunidad se toma frente a una pared clara.

El cambio de su estado de ánimo también es sorprendente. Hay veces en las que habla con una voz suave y de pronto el odio emerge de él de forma violenta, como lava de un volcán. "Quieren generar tanta miseria en nuestras vidas como sea posible, porque pueden hacerlo", lanza el surcoreano de 23 años en una ocasión. "Tuvieron todo lo que quisieron. ¿Los Mercedes no fueron suficiente, los collares de oro no eran suficientes, snobs? ¿El vodka y coñac no fueron suficientes?".

También queda claro que Cho se sentía un mártir: "­Les tengo que agradecer que muero como Jesús, para inspirar a generaciones de débiles y desamparados". Más drásticas son las escenas en las que Cho presenta sus armas, sus pistolas y un martillo. No es difícil imaginarse que el joven se haya metido en el rol de un violento héroe de acción. De hecho, algunas de las poses imitan a una sangrienta película surcoreana en la que un empresario emprende una masacre tras una detención.

Con la emisión en televisión se le dio a Cho justo lo que quería: atención, reclamó la estudiante Vicki Smith. "Me volvió a remover", dijo su compañera Maddy Barnes, mientras que el estudiante Pete Smith consideró "horrendo" ver al asesino directo a la cara. "A quién le interesa lo que tenía que decir", apoyó Daniel Frawley. "No hay una explicación que (Cho) pudiera dar para justificar lo que hizo".

DPA



 
 
 
 
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