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Reportaje especial
Panamá, viernes 20 de abril de 2007
 

BOLIVIA.

Se muere la democracia en América Latina

José Brechner

La democracia empieza a afiebrarse en Latinoamérica. En Bolivia, donde los acontecimientos políticos se dan con mayor velocidad y sirven de referencia para lo que puede acontecer con los demás países, la enfermedad es más grave y se tornó visible desde que tres presidentes no pudieron concluir su mandato, debido a los violentos actos de desestabilización, organizados por Evo Morales con el dinero de Hugo Chávez. Ahora que el comandante del disturbio es presidente, su muerte se acerca. No es más que cuestión de tiempo hasta que el indigenismo populista acabe con las libertades y derechos de la ciudadanía.

El deseo totalitarista de la izquierda ortodoxa para tener dominio absoluto sobre el aparato estatal y sus súbditos no ha cambiado. Mientras que las derechas se diferencian claramente entre sí y se autocritican denunciando a los extremistas que salieron de entre sus filas, las izquierdas no hacen lo mismo. No hay una reflexión por parte de los socialistas para reconocer los crímenes de Stalin, Castro, el Che Guevara, Pol Pot, Mao y tantos otros asesinos de razones y de vidas. Fidel sigue siendo el ídolo de políticos del talante de Zapatero o de intelectuales como García Márquez.

La foto del Che está hoy en las camisetas como si fuese una estrella del rock. Pocos divulgan que este genocida, responsable de la muerte de más de 2 mil cubanos, se levantaba en la madrugada para apretar el gatillo participando en las ejecuciones de los pelotones de fusilamiento. Los bolivianos le hicieron un busto en donde murió y su gigantesco retrato se expone hoy en el palacio presidencial ocupado por Evo. Kirchner aprobó la construcción en la Argentina de un gran monumento en su honor. La provincia de Santa Fe donará a Cuba una réplica de su casa natal y la ciudad de Rosario fue declarada: "Capital Mundial" para la celebración por los 80 años de su nacimiento. Si el Che Guevara siguiera vivo, los masacrados en la Isla habrían llegado a cifras diez veces mayores, y si su guerrilla hubiese triunfado en Bolivia, Sudamérica ya habría pasado por una guerra continental, que es a donde apunta su "revolucionario" seguidor venezolano, parapetándose detrás de su exagerado armamentismo.

Las fuerzas armadas bolivianas, sumisas a las venezolanas, son ahora el brazo fuerte de Morales. Chávez sigue haciendo ridículas denuncias de una futura invasión militar norteamericana a Bolivia, para justificar el envío de más armamento y boinas rojas, de forma que pueda tener mayor control sobre ese país y el subcontinente.

El partido de Morales proyecta perpetuar a su jefe en el poder por medio siglo, otorgando derecho de voto desde los 16 años. Buscan sangre nueva, joven, visceral, obediente e inconsciente, mientras los bolivianos abandonan su país masivamente. (Existen alrededor de cuatro millones en la diáspora y la población en Bolivia es de nueve millones. El crecimiento demográfico es negativo).

La falta de identidad nacional y conciencia de patria, se suma a la ignorancia y candidez de los bolivianos. Los más autóctonos difícilmente pueden identificar a Bolivia en un mapamundi. No saben dónde queda Venezuela, Japón ni el Reino Unido. Se guían por eslóganes. Los más trillados son contra el "neoliberalismo", término que ningún indígena podría conceptualizar, pero se le oponen apasionadamente.

La ignorancia es la madre de todas las desgracias y los ignorantes pululan en el cada vez más rezagado hemisferio austral. Predican el socialismo clásico como si fuese novedad. En Bolivia y otros países sudamericanos, todavía existen trotskistas. Por lo general son aburridos, mediocres y grises individuos, muy poco afectos a la higiene, que se consideran más inteligentes y capaces que Trotsky. No logran aceptar, que todo lo que sermonean ya se practicó y terminó mal. Eisntein definió la locura, como: "Hacer siempre lo mismo y pretender obtener resultados diferentes". Con semejante comportamiento, es lógico que el gusano del totalitarismo empiece a sacar la cabeza de su oscuro agujero.

Firmas Press. El autor fue diputado en la República de Bolivia



 
 
 
 
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