CROMOSOMA X
Eva Afrodita
evafrodita@prensa.com
ASUNTOS ESCONDIDOS. El año pasado todos los hombres nuevos que conocía resultaban ser una década menor que yo. Era como una maldición. Entonces me entusiasmé con uno pero él, aunque reconoció que le era de su gusto, el muy práctico dijo que era mejor no emprender nada porque la cosa no iba a resultar a largo plazo, y cuando me di la vuelta para irme osa darme un abrazo que me supo a como cuando te comes un chow mein viejo, frío y sin hambre. Quedé sentida por unas semanas, pero luego me enojé conmigo misma porque para entonces ya no le encontraba el chiste. Dejé de idealizarlo y me di cuenta que nunca hubiese sido feliz con él. Acordamos ser amigos y blablablá. Hablamos de ir a pasear a un pueblito cerca del mar. El día señalado, se enredó y llegó tarde a mi casa.
En el ínterin, mientras llegaba recibí una llamada telefónica. Era el primer hombre que quise y que me quiso devuelta. Pianista, genio en matemáticas, bailarín, trilingüe, guapo. El primer hombre que no tenía duda que yo era un ser maravilloso. ‘Lo nuestro’, que en realidad fue un romance que no despegó a pesar de que hubo declaraciones importantes, fue circa 1992. Ese día, mientras esperaba al pequeñín enredado, al contestar el teléfono, este otro y yo teníamos como ocho años de no escucharnos y aún tenemos 15 de no vernos.
Fue una llamada sin estrés, de mucha risa, de esas que sientes que levitas por las nubes y quedas suspendida por allá arriba. De esas que puedes decir la cosa más estúpida o incoherente (analizando en retrospectiva) y tu interlocutor aún piensa que eres candidata a un premio internacional. Al tocar el tema de mi resentimiento hacia él, el ser que en el fondo pensaba que a lo mejor era el hombre de mi vida, me admitió que era gay. Esperé por el "estoy bromeando", pero nunca llegó, y aunque en algún momento especulé que quizá esa había sido una razón para que lo nuestro no se diera, oír la admisión en vivo y directo me dejó pasmada por unos segundos.
CONSIDERACIONES. Claro que hubiese sido mejor que en 1992 el pianista hubiese tenido claro o hubiese tenido el coraje de enfrentar a una sociedad intolerante. No conversé con él cuáles fueron sus razones para mantenerse estos años en el clóset. Pero ese día que luego salí con el pequeñín enredado con el que tuve un día espantoso (cero caballerosidad, cero conversación estimulante) me di cuenta de que solo un hombre contemporáneo y maduro (estamos de acuerdo en que la madurez no va siempre con la edad) podría conocer/amar a mi verdadero yo.
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