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Reportaje especial
Panamá, miércoles 18 de abril de 2007
 

Ciudadanos de la A a la Z
El sentido de las palabras

Inclusión, exclusión y empoderamiento, tres palabras de moda.

El mundo de lo privado ha estado rasguñando el lado de lo social, apropiándose de conceptos y lógicas. No lo hace de manera lineal, sino que reinterpreta esos conceptos y les da otro significado.

Lo que podría, en un principio, ser una imitación positiva, se convierte en una trampa semántica que desarma el lenguaje social y sirve para lavar la cara más dura del entorno empresarial. Esto lo vamos a ver en Ciudadanos de la A a la Z con la palabra empoderamiento.

También vamos a repasar lo que, realmente, significa exclusión social: uno de los términos fundamentales para entender las lógicas de nuestro tiempo histórico.

EMPODERAMIENTO

El famoso educador brasileño Paulo Freire fue uno de los primeros en introducir este término allá por los años 60 y tenía que ver con el fortalecimiento de las capacidades, la confianza y el protagonismo de las comunidades o los colectivos más vulnerables.

El movimiento feminista asumió el concepto empoderamiento y le dio verdadero sentido. Se trataba de que las mujeres tomaran control de los medios de producción y de la simbología que marcaba las relaciones de poder hombre-mujer.

Durante décadas, el empoderamiento ha sido una de las herramientas más importantes de las organizaciones de mujeres y éste se fue filtrando hacia otros movimientos sociales, incluso a las organizaciones mundiales que trabajan en el entorno del desarrollo o la cooperación.

Ese empoderamiento, entendido desde el punto de vista social, se refería al acceso de los más vulnerables al control de los medios de producción, a la participación efectiva en las instancias políticas y al incremento de las capacidades individuales.

Pero llegó el mundo de la empresa y adoptó el término y lo que era un camino hacia la inclusión social real y hacia la ciudadanía lo tradujo por un empoderamiento que incrementa la capacidad individual para ser más autónomo y autosuficiente, que fomenta a los emprendedores en lugar de a los empleados y que promueve el ascenso en la escala social. ¿Se parece en algo al original?

Por esta razón –la deformación de los conceptos- cuando se dialoga con el otro, lo primero que hay que dejar claro es el asunto semántico: ¿Estamos hablando de lo mismo cuando discutimos sobre empoderamiento o desarrollo?

Hoy en día es tal la confusión en términos, que puede que lleguemos a acuerdos pero que la interpretación sea radicalmente diferente. Cuidado.

EXCLUSIÓN SOCIAL

Es bastante explícito el concepto: un excluido social es aquél al que no se le permite la participación plena en la sociedad en la que vive. Y de esos tenemos muchos. Es decir, ya no hablamos de la pobreza como un problema de comida o de dinero, sino también de participación política, de recreación, de convivencia… Para estar incluido se debe tener la posibilidad de la participación en todos los ámbitos sociales y será la decisión individual la que nos empuje a hacerlo o no.

El sociólogo Zygmunt Barman va más allá y se atreve a hablar de "residuos humanos" o de "población superflua", es decir el colectivo de excluidos sociales que se convierte en una molestia para una mayoría demasiado montada en la modernidad y en el supuesto progreso como para preocuparse por incluir a poblaciones pobres, inmigrantes o discapacitadas –lo cual requiere de un esfuerzo, unos recursos y una generosidad poco habitual–. Exclusión es el centro de la injusticia. Incluir el objetivo que debe marcar las discusiones de la Concertación Nacional para el Desarrollo.



 
 
 
 
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