| HAMBRE.
Triste espectáculo de una sociedad indiferente
Azucena Filló Haro
En la región indígena la pobreza alcanza un espeluznante porcentaje. Se estima que alrededor del 70% de esta población es pobre. Sí, mueren niños. Triste espectáculo de una sociedad indiferente y poco importa (nada más hay que ver el caso de los envenenados en la CSS).
Frente a la indiferencia y a la apatía de una sociedad "entretenida" todos los días por la farándula desinformativa en los medios de comunicación; a la falta de iniciativas conducentes a resolver el problema del hambre en nuestra sociedad y al lamentable hecho de muertes por desnutrición, solo se leen "editoriales" (como el de La Prensa del 14 de abril de 2007) que livianamente critican lo inaceptable en cualquier sociedad que se autodenomine "civilizada".
¿Cómo explicamos que en Panamá, con escasos tres millones de habitantes, con enormes recursos, la gente se muera de hambre? La palabra que cabe aquí es: Desidia. La dejadez de un gobierno incapaz de resolver problemas es evidente por doquier y aún cuando el citado editorial de La Prensa señala que está bien lo de los B/.35.00 que le donan a los pobres, estimo que este dinero puede, como tantos otros casos, ser desviado a los bolsillos de políticos tracaleros.
Yo no creo que deba usarse dinero para resolver el problema de la pobreza. Los pobres necesitan, en primer lugar, recuperar su dignidad. Para eso se necesita fuentes de trabajo, crear más escuelas, centros de salud, ayudar en la construcción de viviendas para los más necesitados y un programa alimentario efectivo en todas nuestras escuelas públicas. Un programa así podría encontrar apoyo en la comunidad y lograr que, efectivamente, derrotemos el flagelo del hambre y la pobreza.
A los empresarios: Ustedes reciben demasiada riqueza para no compartirla. Es justo que aporten a una causa que a la postre impediría las convulsiones sociales que han afectado a otros países de la región. Ahora es el momento de dar inicio a una labor social para combatir las muertes innecesarias de tantos inocentes.
La autora es jubilada
|