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Reportaje especial
Panamá, miércoles 18 de abril de 2007
 

PESADILLA.

Noriega presidente

Carlos Guevara Mann

He tenido un sueño, pero no de esperanza, como el de Martin Luther King. Ha sido -más bien- un sueño tremebundo, espeluznante, atroz: una pesadilla. He visto al tirano Noriega sentado en la silla dorada, con la banda presidencial, en el Salón Amarillo (bajo la mirada asustada de todos los mandatarios del istmo allí retratados), rodeado de sus fieles adláteres, muchos de los cuales ocupan cargos de relevancia en la papa nueva.

"Imposible", responde usted. "El pueblo panameño jamás lo elegirá", me dice, con confianza. Hace un año hubiese coincidido con usted, pero hoy no estoy tan seguro. En primer lugar, hay que considerar precedentes históricos notables (¿o notorios? -que lo aclare Ritter Sunday, nuestro más reciente académico de la lengua, norieguista de nombradía y consejero del Muñeco). En nuestra América, sufrida y amnésica, pésimos gobernantes del pasado han sido devueltos, mediante el sufragio popular, al ejercicio del poder público. Por ejemplo: Daniel Ortega en Nicaragua y Alan García en el Perú. El antecedente regional más relevante a la posible vuelta de Noriega al poder sería, por supuesto, la elección, en 1997, de Hugo Bánzer -sanguinario dictador de Bolivia entre 1971 y 1978- a la presidencia de su país. Ni la mentalista Kassandra hubiese podido predecir el retorno al Gobierno de aquel vesánico tirano.

En segundo lugar, el camino para el retorno de Noriega está siendo allanado desde el ascenso de la papa nueva. La administración pública está penetrada por adeptos del sujeto, quienes -significativamente- tienen bajo su control los sistemas de espionaje y represión. Las reformas al Código Penal fueron impuestas -claramente- con el propósito de que el ex dictador permanezca impune. Como lo comentó hace varios meses el Dr. Bernal, el regreso triunfal del salteador del Banconal fue, entre otras cosas, un montaje anticipado del retorno de Noriega. Como el negocio salió bien -en la Asamblea, la oposición ni chistó y en las calles, el pueblo se lo aguantó- todo parece indicar que el ex dictador podrá volver sin impedimento. De allí a convertirse en candidato presidencial del PRD hay solo un paso, muy fácil de dar para quien posee amplia fortuna y conoce secretos desagradables cuya potencial divulgación aterroriza a muchos personajes influyentes.

En tercer lugar, la papa nueva y sus secuaces se han dado a la tarea de difundir la especie de que la creciente inseguridad ciudadana hace necesaria una vuelta a los controles autoritarios de la dictadura militar. (¿Y quién personifica a la dictadura mejor que Noriega?) Para muestra están los llamados insensatos a la militarización de la fuerza pública (como si eso fuese a repercutir en un descenso en los niveles de criminalidad), los juegos de guerra en que meten a los organismos de seguridad (ver, por ejemplo, las imágenes del desfile del Recom en La Prensa, 16 de abril) y la presentación del proyecto de ley "que dicta medidas especiales para garantizar la seguridad ciudadana y otras disposiciones". Sobre el contenido de este proyecto nos ha alertado, entre otros, el ex presidente Endara, quien ha observado que ni siquiera el DENI ni las Fuerzas de Defensa tenían las facultades represivas que el adefesio presentado por el Gobierno a la Asamblea pretende concederles a las autoridades de policía, no tanto para someter a los maleantes como para perseguir a los pocos que nos atrevemos a oponernos al PRD (El Panamá América, 16 de abril).

Un poco más persuadido tras esta exposición de motivos, ahora me preguntará usted: "¿Y para qué querría el MAN volver al poder en Panamá? No le convendría más pasar agachado y terminar sus días disfrutando de su fortuna mal habida, cuyo aprovechamiento sin molestias le asegurará la papa nueva?" A lo mejor, respondo yo, el ex dictador aspira a "limpiar" su imagen, como lo pretendió hacer el sátrapa Bánzer con su elección a la presidencia boliviana. Por otro lado -no lo olvide usted- el sujeto tiene una codicia sin límites y nuestra posición geográfica genera muchos recursos (de procedencia variopinta). Apropiarse de una porción de esos caudales, mediante el chantaje y las amenazas, no es difícil para quien tiene vasta experiencia en el ejercicio ilimitado del poder. Ya lo hizo antes cuando mandó, primero con Torrijos, luego con Paredes y, finalmente, como amo absoluto de este istmo, entre 1983 y 1989.

En mi pesadilla, Noriega -machete en mano- regresa al país en el vigésimo aniversario del inicio de la resistencia civilista, en la fecha de la decapitación de Hugo Spadafora. A la salida del avión (fletado especialmente para tan memorable vuelo por el zar de la bolita y el que dijo: "todos los gobiernos roban") lo recibe uno de los candidatos a la presidencia del PRD, con un ramo de rosas en una mano y, en la otra, un rejo para que lo regañe si se porta mal. Otra aspirante a la presidencia del partido oficialista lo escolta hasta el carro alegórico, ataviado con la estatua de Roosevelt, en el cual el tirano hace su entrada triunfal a la capital. Codepadis y batalloneros, teledirigidos por el comandante de la clave "chácara", lo vitorean a lo largo de la vía, al final de la cual se produce el enternecedor encuentro con el Muñeco y una que manda sin haber sido elegida. Y entre besos, abrazos y sollozos, la pareja le agradece a tío Tony todo lo que hizo por el joven cuando su tío "de cariño" estuvo en el poder (comenzando por la mesada puntual y el primer BMW) mientras un congreso del PRD, reunido allí en ese preciso instante, lo proclama, por unanimidad, candidato presidencial del partido.

Toda una "espantosidad", ¿verdad? Pero de usted depende que esta pesadilla no se convierta en realidad.

El autor es catedrático de ciencias políticas y fue director general de Política Exterior



 
 
 
 
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