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Reportaje especial
Panamá, lunes 16 de abril de 2007
 

EL FUTURO ESTÁ EN PELIGRO.

De bacalao aristocrático y otras cosas

Berna D.Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

He decidido, por si acaso, tomar fotografías de un plato de arroz acompañado de un hermoso trozo de punta de palomilla, rincón o lomo, un par de mazorcas, y ensalada. Porque por los vientos que soplan cada día será más difícil comprar o encontrar estas viandas. Leí que el arroz subirá de precio en octubre y que también aumentará el de la carne, siguiéndole los pasos, por el camino del adiós, al tomate, la lechuga, el brócoli. Para darle gusto al paladar habrá que llevar a la piedra del sacrificio cine, helados, paseos, la leche en el café (si es que le alcanza el dinero para el café) y los pequeños placeres que hacen más llevadera la vida. Y si el gobierno o los agricultores se dejan llevar por el entusiasmo de Mr. Bush (no el criollo, sino el otro, el de las guerras) mejor grábese en la memoria cómo es la caña y el maíz; la producción de combustible derivado de estos productos hará difícil que aparezcan en el panorama gastronómico. Poco probable sería volver a "chupar caña" (que recuerdo dejaba "blanquitos" los dientes), o a morder una mazorca para arrancarle los dulzones granos. ¿Y no será, me pregunta la necia mosca de la suspicacia, que Mr. Bush y sus socios petroleros quieren "embarcarnos", a los países tercermundistas porque les conviene mantener a salvo sus reservas de petróleo?

Tantas cosas se están perdiendo que ando cámara en mano para, por lo menos, salvarlas en imágenes. El águila arpía y otras aves, (papagayos, tucanes, torcazas, quetzales) están desapareciendo por la destrucción de su hábitat; hay ríos de los que sólo quedan pedregosos lechos por los que alguna vez corrieron limpias y abundantes aguas; o que dejaron de ser ríos, hoy cloacas y recipientes de desechos. Las frescas y pintorescas casas interioranas de quincha se rinden ante la pujanza del bloque y el cemento. Frutas, como el níspero, mamey, caimito y mangotín casi no se ven y si se las menciona a la gente joven, ni idea tienen de qué les está hablando. Bellas y antiguas construcciones desaparecen a un ritmo alucinante para dar paso a cajones de vidrio y cemento. Los parques se achican, las áreas verdes desaparecen o pasan a ser privilegio de los más privilegiados. En definitiva, que muchas cosas buenas, bellas y sabrosas están desapareciendo o escaseando. Y aunque sería iluso desear que nada cambiara, hay buenas razones para que nos ocupemos de poner a salvo de la rapiña humana y del progreso mal entendido nuestra riqueza natural, todo lo que tiene importancia para nuestra historia. Mire no más la bola negra que recibió el Instituto Nacional de Cultura (Inac); pidió detener las demoliciones, al menos durante seis meses, hasta tanto se discuta el anteproyecto de ley que busca preservar estructuras históricas en barrios emblemáticos como Bella Vista y La Exposición; el Consejo Municipal lo rechazó "dizque" por no haber pasado por la comisión de vivienda del Concejo. ¡Se salvaron los "comejenes" de la construcción que tendrán tiempo para demoler lo que les venga en gana! En lotes aledaños al parque Andrés Bello, en Vía Argentina, empezó a rugir la maquinaria que construirá edificios "mamut" que reemplazarán los simpáticos chalet que allí existían. ¡Y qué importa que el parque se hunda en las sombras y se convierta en charca!

¡Cómo cambian los tiempos! Allá por los años 60 se cruzó en mi vida una mujer que pronto se convirtió en mi comadre; vivía, en gran humildad, con el resto de su familia (madre, hermanos, sobrinos, hijos) en el área donde hoy están los "multi" de calle M; recuerdo que su madre, Aleja, preparaba el mejor bacalao que haya probado en mi vida, receta que heredó mi comadre. El bacalao era, en esa época, plato tan humilde como el barrio de mi comadre; ahora, me dice, "Mamacita, el bacalao se volvió aristocrático, ya no lo podemos comprar, hace tiempo que no lo veo". Y tal como pintan las cosas, el mismo camino llevan la carne y el arroz, y de pescados, ni hablar… como no sea "cojinúa"… Porque el pargo y la corvina (prohibido pensar en camarón, guabina o lenguado en la mayoría de los hogares), nada más si le pegan al gordito del Zodíaco ¿Será que terminaremos comiendo comida "en bolitas" como los cánidos y los felinos domésticos?

En cambio, qué ironía, los "diablos rojos", azote de nuestra tranquilidad, no desaparecen, sino que se fortalecen. Los "meten en cintura" con medidas que son como un mal chiste y que, fieles a su costumbre, las respetarán durante el mismo tiempo que dura la "llamarada de capullo"; que los deja intactos, bien protegidos por colegas gamonales del transporte en la Asamblea, más interesados en proteger su negocio que al usuario. Tan firmes como la quijada de arriba, que ni el severo rostro de Severino Mejía, director de la Autoridad del Tránsito, les hace mella. Y estos sí que no son ejemplares en vías de extinción, ni hay fuerza que los demuela como se demuelen Bella Vista, La Exposición o San Francisco.

Pienso, como F. W. Robertson, predicador inglés, que "Hay un pasado que se fue para siempre, pero hay un futuro que todavía es nuestro". Ese es el futuro que está en peligro.

La autora es comunicadora social



 
 
 
 
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