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Reportaje especial
Panamá, viernes 13 de abril de 2007
 

GRATOS RECUERDOS.

Un suspiro por aquellas casitas tan bonitas

Cristina Tzanetatos

Son casitas a las que nunca entré, ni conocí a sus habitantes, pero con las que fantaseaba como niña que quiere jugar a las muñecas.

Veo de repente puesto en la reja de alguna de esas casas un letrero de "se vende" y sueño con ser grande para tener dinero suficiente para comprarla (porque la gente grande es la que puede tener mucho dinero), ganarme la lotería o recibir una herencia, con el único propósito de poseer esas casas. Y me pregunto: ¿qué haría con tantas casas? ¿Realmente las quiero para vivir en ellas o sigo jugando a las muñecas y las veo como las casas perfectas para cada una de ellas?

Algunas tienen tantos años, con su porte antiguo, sus escaleras, rejas, ventanales y techos tan coquetos. ¿Por qué las casas nuevas no son así? Son cuadradas y simples, desprotegidas, con sus techos cortos que ni les dan sombra ni las protegen de la lluvia, además no cuentan con detalles ni toques elegantes reales. Se trata de casas que presentan muy bien en los anuncios publicitarios, rodeadas de césped y palmeras, pero, al ser construidas, sólo cuentan con cemento por todos lados.

Inevitablemente pasa el tiempo, yo crezco y la ciudad también, hay más personas, más construcción, más tráfico... desearía que hubiera más calles, pero, al parecer, nunca son suficientes. Ahora busco mis casitas y veo con tristeza, con el corazón roto, que ya no existen o están próximas a desaparecer, que mis recuerdos ya no son válidos y cada día es más difícil reconocer esta ciudad.

Vuelvo a suspirar por ellas, porque cada día son menos las que quedan y sigo suspirando de tristeza, porque el valor histórico y arquitectónico de la mayoría son nada en comparación con el valor del dinero. Y cuando demuelan todas las casitas, tal vez continúen con la demolición de los pequeños edificios, donde muchos de nosotros vivimos una infancia y adolescencia feliz.

Todo para seguir construyendo los multifamiliares de lujo en los que un extraño lavado de cerebro les hace pensar que la vida es mejor.

La autora es comunicadora social



 
 
 
 
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