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Reportaje especial
Panamá, miércoles 11 de abril de 2007
 

VIGENCIA.

La leyenda de Mizaru, Kikazaru e Iwazaru

Marie L. G. De P. de Cornejo

Las leyendas fueron creaciones de mentes sabias para transmitir experiencias buenas y malas y convertirlas en lecciones que sirvieran para enriquecer la moral, el comportamiento social, religioso y político de los pueblos. Transmitidas de abuelos a nietos, las mismas con el paso del tiempo se han ido olvidando y en ocasiones interpretándose erróneamente.

Una de esas es la de Los Tres Monos Sabios, Kikazaru, Mizaru e Iwazaru, figuras místicas, que, según una leyenda japonesa, fueron mensajeros enviados por los dioses a la tierra, para reportar y castigar las malas acciones de los humanos. Su imagen tallada en madera y situada a la entrada del mausoleo del shogun Tokugawa -sabio japonés- fue creada con el propósito de evitar que las habladurías de los visitantes interrumpieran el sueño del shogun.

Kikazaru, el mono sordo, con su sagaz sentido de la vista observaba sin perder detalle todo lo malo que acontecía, para luego transmitírselo a Mizaru.

Mizaru, el mono ciego, con su agudizado sentido auditivo, escuchaba atentamente lo que Kikazaru había observado para luego comunicárselo a Iwazaru.

Iwazaru, aunque mudo, tomaba las decisiones frente a las observaciones y comentarios de Mizaru y Kikazaru y dictaba el castigo que recibirían quienes habían cometido faltas.

Aunque a cada una de estas figuras místicas le faltaba uno de tres sentidos, tenían algo en común; su habilidad de utilizar al máximo los dones otorgados y la sabiduría de adaptar los mismos para lograr su cometido en la tierra.

Las figuras de los tres monos sabios, pudieran ser interpretadas de formas distintas:

(1) Por el lado obvio: "no oigo, no veo, no escucho" en otras palabras el desentendimiento de lo que pasa a su alrededor, lo que representa la salida fácil a los problemas.

(2) "No hay peor ciego que el que no quiere ver, peor sordo que el que no quiere oír y peor mudo que quien no quiere hablar’, que se traduce en el reconocimiento de que se pueden mejorar las cosas, pero no existe interés en hacerlo; y

(3) "El que no oye, es un gran observador; el que no ve, escucha detenidamente y el que no habla, escucha, observa y toma las decisiones sin decir palabra, que se traduciría en una disposición a trabajar en conjunto para dar soluciones.

La enseñanza de esta leyenda adaptada a lo anterior es lo que le hace falta a muchos de nuestros dirigentes, quienes cómodamente adoptan la salida más fácil haciéndose los ciegos ante los problemas obvios, los sordos ante el clamor de un pueblo y los mudos para no corregir los graves errores que se cometen en sus gobiernos, en lugar de aunar esfuerzos para que las cualidades tanto de sus colaboradores como de los dirigentes mismos brillen al unísono.

Por otro lado, los gobernantes al igual que el shogun Tokugawa tienen un sueño que no debe ser interrumpido. El de los gobernantes es un "sueño de realización de metas y cumplimiento de compromisos con sus países" y al igual que en el mausoleo del shogun, deben asegurarse de flanquearse de figuras sabias para que sus sueños no se vean interrumpidos ni por habladurías, ni por visitantes, ni por motivos ajenos a los intereses de sus pueblos.

Cuatro siglos más tarde, la leyenda de Los Tres Monos Sabios aún sigue vigente.

La autora es panameña residente en EU



 
 
 
 
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