A través de la historia, las grandes crisis han sido detonantes de profundos cambios en la sociedad. Pero en Panamá, tras seis meses de la peor catástrofe sanitaria consignada en los registros médicos de nuestra era republicana, no ha pasado nada.
Ni en la CSS cuyas autoridades no han dado la cara para aclarar interrogantes legítimascomo ¿por qué si se sabía de las irregularidades del laboratorio de producción, el Director no tomó medidas al respecto? Tampoco el Ministerio Publico ha dado ningún paso significativo en las investigaciones que adelanta. Y el Ministerio de Salud ha guardado un silencio cómplice como de quien se mantiene quieto para no despertar sospechas. ¿Y el Presidente? Nombró –como es ya su característica manera de gobernar- una Comisión para que rindiera un dictamen.
Los llamados Garantes así lo hicieron, pero sus recomendaciones han sido engavetadas como otros tantos informes de Comisiones. Al final, los usuarios del servicio médico público siguen recibiendo una atención paupérrima, agravada ahora por la escasez de medicamentos. Tal parece que 78 muertos no son suficientes para obligar al gobierno a tomar medidas concretas. Pura demagogia. |