| GUANTÁNAMO.
Presos van a huelga de hambre
Tim Golden
Estalló una huelga de hambre a largo plazo en el centro estadounidense de detención en la bahía de Guantánamo, Cuba, con más de una docena de prisioneros sometiéndose a alimentación forzada en protesta por el trato que reciben, dijeron funcionarios militares y abogados de los detenidos.
Los abogados de varios de los huelguistas dijeron que las acciones de sus clientes fueron motivadas por las condiciones duras que prevalecen en un nuevo complejo de máxima seguridad. Han cambiado a alrededor de 160 de los aproximadamente 385 detenidos en Guantánamo al complejo desde diciembre.
Son 13 los presos que ahora están en huelga de hambre, el mayor número en aguantar el régimen de alimentación forzada durante un lapso prolongado desde principios del 2006, cuando el ejército rompió una huelga que llevaba mucho tiempo con una nueva política de atar prisioneros a sillas de contención para alimentarlos con sondas de plástico insertadas en la nariz.
Ahora monitorean a los huelguistas muy de cerca, de tal forma que prácticamente no tienen oportunidad de dejarse morir de hambre. No obstante, su persistencia subraya cómo la lucha entre detenidos y guardias en Guantánamo continúa a pesar de que el ejército ha reforzado su control en el último año.
"No tenemos ningún derecho aquí, incluso después de que su Suprema Corte dijo que teníamos derechos", manifestó el huelguista Majid Al-Joudi a un doctor militar, según registros médicos dados a conocer hace poco conforme a una orden de un tribunal federal. "Si no cambia la política, verá un incremento grande en la abstinencia".
El comandante Robert Durand, un vocero de la marina, minimizó el significado de la huelga en curso calificando los reclamos de los "prisioneros de propaganda".
Sin embargo, las protestas se producen cuando las críticas por Guantánamo siguen aumentando en Estados Unidos y el extranjero. La semana pasada, después de que la Suprema Corte negó una nueva apelación a favor de los detenidos, el jefe del Comité Internacional de la Cruz Roja presentó una reprimenda pública insólita ante el gobierno de Bush, en la que dice que es inadecuada la posibilidad de los prisioneros para impugnar su detención.
Documentos recién dados a conocer por el Pentágono muestran que durante las huelgas de hambre anteriores, antes de usar las sillas de contención, algunos detenidos bajaron más de 30 libras de peso en cuestión de semanas. En comparación, la actual huelga de hambre en la que hasta el viernes pasado se alimentaba forzadamente a 12 de los 13 presos parece casi simbólica.
Por ejemplo, los expedientes médicos de Joudi, un saudita de 36 años, muestran que cuando fue hospitalizado el 10 de febrero, había estado sin comer 31 días y había perdido más de 15% de su peso corporal.
Para cuando unos días después fue transferido al "bloque de alimentación" donde se segrega de otros prisioneros a los huelguistas más graves, su situación se había estabilizado y su peso se había recuperado casi al nivel ideal de un hombre de su tamaño. (No se registró el peso recuperado exacto.) Después de eso, transportaron en avión a Joudi y lo entregaron a autoridades sauditas, dijo su abogado.
Abogados de varios presos detenidos en el nuevo complejo de máxima seguridad, conocido como Campo 6, lo compararon con prisiones "supermax" de Estados Unidos. Las diferencias principales, dijeron, son que los detenidos cuentan con material de lectura limitado y no tienen televisión, y solo se han levantado cargos contra 10 de los prisioneros en Guantánamo.
Por lo general, los internos del Campo 6 están encerrados en sus celdas de ocho pies por 10 pies por al menos 22 horas al día, y solo salen a hacer ejercicio en jaulas de alambre reducidas y para ducharse. Además de esos momentos, solo pueden hablar con otros prisioneros gritando por las ranuras para los alimentos que tienen las puertas de acero de sus celdas.
"Mi deseo es morir", le dijo Adnan Farhan Abdullatif, un huelguista yemení de 27 años, a su abogado el 27 de febrero, según notas de la reunión desclasificadas hace poco. "Estamos viviendo en una situación de muerte".
Durand, el vocero en Guantánamo, rechazó esos relatos por considerarlos parte de una campaña de los prisioneros y sus abogados para desacreditar la misión de detención. Describió la unidad nueva como más confortable que la anterior, y negó que padecieran una sensación mayor de aislamiento en los nuevos bloques de celdas.
"Esto fue diseñado para mejorar las condiciones de vida", dijo Durand, "y pensamos que así es".
Originalmente, el Campo 6 fue diseñado como un complejo carcelario moderno de seguridad media para hasta 200 internos, con áreas comunes donde podrían reunirse para comer, y un gran campo bardeado para trotar o jugar fútbol fuera de los altos muros de concreto.
Sin embargo, después de un disturbio en mayo pasado y del suicidio de tres prisioneros en junio, se adaptó la unidad para limitar la libertad de los prisioneros y reducir el riesgo de que pudieran hacerse daño o de atacar a los guardias antes de abrirla, dijeron funcionarios militares.
Cuando se abrió el Campo 6, altos funcionarios expresaron su inquietud respecto a cómo reaccionarían los prisioneros ante su mayor aislamiento. La mayoría había estado detenida en bloques improvisados de celdas de malla de alambre que aun cuando con frecuencia eran calientes, ruidosas y carecían de privacidad les permitían comunicarse con facilidad, rezar juntos e incluso pasarse mensajes escritos.
La otra unidad de máxima seguridad en Guantánamo, el Campo 5, tiene celdas que están una frente a otra en un pasillo reducido, lo que permite que los aproximadamente 100 detenidos ahí conversen con cierta facilidad. En el Campo 6, los presos se pueden ver unos a otros desde sus celdas solo cuando sacan a alguno de ellos. En otros momentos, ven las mesas de acero inoxidable que hay en las áreas comunes que no tienen permitido usar.
Abogados de varios de los detenidos en el Campo 6 dijeron que sus clientes se desanimaron con la mudanza aun cuando, como señalaron funcionarios militares, las celdas nuevas son 27 pies cuadrados más grandes que las viejas, y tienen aire acondicionado, mejores escusados y lavamanos, y un pequeño escritorio empotrado en la pared.
Ahí están sentados en un "barril de dinamita", dijo Sabin Willett, un abogado, quien, al igual que otros, describió una creciente desesperación entre los prisioneros. "Lo que va a haber es un manicomio".
The New York Times
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