| LONDRES.
Blair acusa a elementos del régimen iraní de estar tras ‘terrorismo’ en Irak
Joaquín Rábago
El primer ministro británico, Tony Blair, no perdió tiempo este jueves para advertir a Irán de que la liberación de los 15 rehenes retenidos por ese país desde el 23 de marzo no va a hacer que disminuya la presión internacional para que cambie de conducta en materia nuclear o en el conflicto iraquí.
Blair tuvo que modificar su discurso de felicitación por la puesta en libertad de los marinos capturados en las disputadas aguas del golfo Pérsico para expresar su pesar por la muerte hoy de otros cuatro compatriotas en Irak, que atribuyó, como es habitual en él, a "un acto terrorista".
Pese a reconocer que es "prematuro" precisar quiénes fueron los "terroristas" que estuvieron detrás de ese nuevo atentado, que eleva a 140 el total de militares británicos muertos en el país árabe, el líder laborista afirmó que "hay al menos elementos del régimen iraní que apoyan, financian y arman al terrorismo en Irak".
"La comunidad internacional tiene que mantenerse absolutamente firme -dijo Blair- a la hora de hacer cumplir su voluntad, ya sea en relación con las armas nucleares como al apoyo de cualquier sector del régimen iraní al terrorismo, particularmente cuando éste se dirige contra gobiernos democráticos".
El dirigente quiso así dejar claro que la liberación de los quince marineros, que según Londres no se encontraban en aguas iraníes sino iraquíes cuando fueron capturados y que el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha presentado como un regalo de Pascua al pueblo británico, no hará que Occidente baje la guardia al tratar con Teherán.
Blair dejó la puerta abierta a "un nuevo tipo de relación con Irán", pero dijo que para ello el régimen de Teherán debe cumplir la "voluntad internacional", en clara referencia a lo que más preocupa en este momento a Washington y Londres: la posibilidad de que el régimen iraní se dote de armamento nuclear.
El líder laborista no excluyó la posibilidad de aprovechar las nuevas vías de comunicación que ha abierto esta crisis, pero sin reducir la presión internacional, que debe continuar para que la estrategia tenga alguna posibilidad de éxito.
El primer ministro aludía así a la reciente votación del Consejo de Seguridad de la ONU a favor de imponer nuevas sanciones a Irán por su negativa a detener su programa de enriquecimiento de uranio, como le exige Occidente.
El feliz desenlace de la crisis en torno a los marinos británicos con el aparente gesto de magnanimidad de un presidente iraní considerado como del ala más dura del régimen puede dar argumentos a quienes piensan que es preciso seguir dialogando con Teherán.
Con la sorpresiva liberación de los detenidos, Teherán ha hecho un gran operación de relaciones públicas, al tiempo que ha aumentado la presión sobre Estados Unidos, cuyo vicepresidente, el duro Dick Cheney, ha denunciado, sin embargo, el peligro de "hacer concesiones políticas" o de otro tipo a quienes llevan a cabo "secuestros en alta mar".
No parece, en cualquier caso, que con el actual gobierno los estadounidenses vayan a cambiar de la noche a la mañana de actitud hacia el programa nuclear iraní, al que Teherán insiste que tiene derecho y del que afirma que solo sirve a fines pacíficos.
La secretaria de Estado de EU, Condoleezza Rice, ha reiterado que Washington solo aceptará reunirse bilateralmente con Teherán si los iraníes suspenden sus actividades nucleares, algo que éstos han declarado no estar dispuestos a hacer.
Si algunos tabloides ingleses hablaban ayer de que Ahmadineyad ha "humillado" a los británicos, mientras otros alaban a Blair por cómo ha gestionado la crisis, lo innegable es que ésta ha sido aprovechada por Teherán para denunciar las viejas injerencias anglo-estadounidenses en los asuntos iraníes y reforzar su posición en Oriente Medio y el mundo islámico en general.
EFE
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