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Reportaje especial
Panamá, sábado 7 de abril de 2007
 

VATICANO.

En Vía Crucis piden recordar a ancianos

Benedicto XVI escuchó una meditación que comparó el aislamiento de Jesús con el que sienten los que sufren.

REUTERS/Maurizio Brambatti-Pool
meditación. El papa Benedicto XVI invitó a los fieles a solidarizarse con los que sufren abandono. 831752
ROMA, Italia/AP

El papa Benedicto XVI sostuvo una cruz grande en la tradicional procesión del Viernes Santo en el Coliseo Romano para conmemorar el martirio y la crucifixión de Jesús, y exhortó a la gente a ser sensible al sufrimiento de otros.

Miles de fieles oraron mientras sostenían velas en pequeñas lámparas de papel, durante un servicio religioso en que se lamentó el aislamiento de los ancianos y el dolor de las madres que viven en las zonas de guerra.

"Va a ser una jornada hacia el dolor, la soledad y la crueldad, hacia el mal y la muerte", dijo Benedicto XVI, describiendo la procesión que iba a comenzar.

"Pero también será un sendero lleno de fe, esperanza y amor, porque la tumba que es la parada final en nuestra ruta no va a estar sellada para siempre", dijo el Papa, refiriéndose al gozo que espera a los cristianos el domingo en las celebraciones del Domingo de Resurrección.

La procesión, que muestra las horas finales de Jesucristo, es un ritual solemne para millones de católicos en ciudades en todo el mundo.

Vestido de blanco, el pontífice de 79 años encabezó a una columna de clérigos y fieles en un pasillo estrecho entre las filas de arcos y cantería. El eco de oraciones en latín se dejó oír en todo el Coliseo.

Benedicto XVI escuchó una meditación que comparó el sentido de abandono y aislamiento de Jesús en sus últimas horas al que sienten los que sufren en nuestros tiempos.

"Es la amarga experiencia de todas aquellas personas que en estos momentos, como en otros momentos del día, se encuentran a solas en una habitación, mirando a la pared o al teléfono silencioso, olvidadas por todo el mundo porque son ancianas o están enfermas, son extranjeros o forasteros", decía el texto. Durante días, las calles de Roma han estado atestadas de turistas y peregrinos.



 
 
 
 
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