| TIEMPO PARA REFLEXIONAR.
¿Qué es la Semana Santa?
Marie B. Lamas
Algunos tomamos la Semana Santa como una época para descansar, celebrar o divertirnos, a veces "sanamente" y otras no tan sanamente que digamos, como es el desenfreno con el licor, las drogas y el sexo.
No comprendemos, por qué no sabemos o nos importa muy poco, que esta sea una fiesta tradicional y espiritual en la cual debemos reflexionar acerca de su real significado:
Cuando Moisés ordenado por Dios construyó el Tabernáculo de Reunión e instituyó el sacrificio del cordero, cada año para el perdón de los pecados, estaba simbolizando la muerte del verdadero Cordero Pascual, que se llama Jesús, quien es Emmanuel (Dios con nosotros) y que es aquel de quien el profeta Isaías anunció en el capítulo 7, verso 14 y en el capítulo 9, versos 6 y 7, su nacimiento y en el capítulo 53, del verso 1 al 5, describiendo su muerte tal y como sucedió. Él es también el que Juan Bautista llamó "El cordero de Dios que quita el pecado del mundo".
Él, amigos, esto es, Jesús, no tenía que hacerlo; dejó su trono y su gloria donde reinaba con su padre y siendo quien es, un Rey inmortal y eterno, se convirtió en un ser humano para identificarse con nosotros y mostrarnos el amor, la gloria y el poder de Dios.
Él no tenía que haber sufrido las humillaciones y maltratos que sufrió, ni morir en aquella cruz (la muerte más vergonzosa de aquella época) y, sin embargo, lo hizo por nosotros, para librarnos de la muerte eterna y casi agonizando clamó: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!"
Amados amigos: antes de salir para las playas, los resorts o las casas de campo, reflexionemos acerca de esto; todo lo que está escrito en La Biblia (la infalible Palabra de Dios), se ha cumplido, letra a letra, hasta el día de hoy.
La Biblia es el testamento que nos ha dejado nuestro padre celestial, con el propósito de que nos vaya bien en la vida. En él hay infinidad de promesas y bendiciones para todos nosotros, pero también hay ordenanzas. Si nosotros obedecemos a estas ordenanzas, tendremos sus promesas y bendiciones cumplidas en nuestras vidas; si no obedecemos, sólo nos esperan calamidades, angustias y sufrimientos, porque nuestro padre celestial es Dios de justicia y si nosotros despreciamos el sacrificio de su Hijo, Él nos dará la espalda y cuando Él nos da la espalda, nuestro común enemigo, el diablo, entra con todo su ejército para hacer estragos en nuestras vidas.
Observemos lo que está sucediendo a nuestro derredor y, por favor, reflexionemos en esto, por nuestro bien.
La autora es ciudadana panameña
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