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Reportaje especial
Panamá, viernes 6 de abril de 2007
 

DELINCUENCIA JUVENIL.

Es mejor prevenir que curar

Aníbal Enrique Watson Rivera
anibal_watson@yahoo.com

Este dicho popular con el que titulo mi escrito indica la gran importancia de la prevención, tema que abordaré, por la problemática que está latente en nuestro país, como lo es la delincuencia juvenil. Por dejación de nosotros como ciudadanos se nos está saliendo de las manos este problema y es hora de que aunemos esfuerzos con el fin de acabar con este flagelo desde la raíz.

La prevención no es más que la preparación y disposición anticipada para evitar que algo suceda. Para el autor Rodríguez Manzanera, en materia criminológica, la prevención "es conocer con anticipación la probabilidad de una conducta criminal". Dice el citado autor que para tratar la delincuencia juvenil, debemos tener presente las dos vertientes de la prevención, que son:

La prevención general o primaria. Tiene como norte el saneamiento social para que se reduzca o evite la incidencia de fenómenos delictivos. Este tipo de prevención va dirigida a toda la población para asegurarle a la juventud un desarrollo integral de su persona (alimentación sana, vivienda, educación, entre otros); y, la prevención especial o secundaria y terciaria. Va dirigida a personas o casos concretos, a través de organismos judiciales o administrativos. La secundaria se ejerce en aquellos menores cuyo medio social o familiar ponga en peligro su normal desarrollo. Y la terciaria se propone evitar que personas que ya han delinquido persistan en su conducta nociva (debe ser ejecutada con fines reeducativos).

El autor argentino González del Solar, en relación con la prevención considera dos niveles distintos: la prevención remota y la prevención próxima. La remota está dirigida al inicio u origen del problema y requiere esfuerzos por medio de la planificación. Surge como un imperativo del Estado de Derecho, ya que a éste le corresponde la protección de la minoridad. El Estado debe evitar o remover los factores de criminalidad, en especial en la familia, con la ayuda de las ciencias humanas para crear condiciones apropiadas para la integración de la comunidad; también debe fomentar políticas para el mejoramiento en los sectores de salud, vivienda, educación y sobre todo activando la economía a nivel nacional. Y la próxima está dirigida a los menores de edad, los cuales deben ser asistidos antes de que adquieran hábitos delincuenciales.

Soy del criterio de que el gobierno, así como todos los panameños, sin exclusión, deberíamos ensayar algunas medidas preventivas; ello, porque el fenómeno de la delincuencia juvenil se ha convertido en una de las preocupaciones de los países del mundo. Esta problemática desde las postrimerías de los años noventa comienza a aferrarse en nuestro país, y tanto el gobierno como cada uno de nosotros los panameños no hemos tomado las precauciones debidas para erradicarla de raíz. Es por eso que deberíamos tomar conciencia y reforzar:

1. -La intervención de la Policía. ¿La Policía de menores está cumpliendo su cometido en la prevención de la delincuencia juvenil? Este ente estatal debe estar llamado no sólo a capturar a los delincuentes, sino que debe impedir que los individuos se conviertan en delincuentes; deben ser modelos ejemplares de conductas; deben formar parte de la personalidad y ambiente de los menores. Este cuerpo especializado debe recibir instrucción y capacitación especial, tal como lo expresan las reglas de Beijing de noviembre de 1985. Se hace necesario que en el Código de la Familia y del Menor o en leyes especiales se estipulen las funciones de la Policía de menores.

2. -Ministerio de Desarrollo Social. ¿Está cumpliendo su cometido?, de no ser así se debe reorganizar y atribuir funciones que coadyuven a prevenir la delincuencia juvenil. Podrá, por ejemplo: dictar los cursos necesarios para la capacitación de la Policía de menores; ser el ente encargado de llevar las medidas necesarias para la prevención de la delincuencia juvenil; supervisar los institutos de protección y reeducación de los menores infractores; ser el contralor de los espectáculos públicos y de exhibiciones, sea cual fuere el medio que los produzca; debe ser el ente que coordine interinstitucionalmente las medidas de prevención delincuencial, con el propósito de que no se continúe trabajando aisladamente, sin obtener resultados.

3. -Valor preventivo de los Centros Educativos. En los barrios en proceso de deterioro, donde existe desorganización social y los sistemas de valores son contradictorios, es claro que en las aulas se registren porcentajes más elevados de delincuentes. Resulta imprescindible que a los maestros de escuelas primarias y párvulos se les brinde una preparación adecuada, para que descubran a tiempo al pre-delincuente y le brinden, así, la asistencia necesaria. Todos los educadores deben tener la preparación adecuada para detectar y decidir los casos en que los menores necesiten la asistencia de un profesional (psicólogo, psiquiatra, entre otros).

4.-Docencia a través de los medios de comunicación. Estos deben infundir normas de conductas y valores. En los inicios de los años noventa ya el psicólogo panameño Max Pérez Silva expresaba su preocupación sobre la política sensacionalista de los medios de comunicación, que no iba a ayudar a disminuir la delincuencia juvenil, sino que motivaba a los menores a seguir su ejemplo para sobrevivir y llevar el sustento a su hogar. Agrega el autor que los medios están dejando una secuela muy grave en los jóvenes, por la influencia en las escenas de violencia, maltrato familiar, en series televisivas y hasta noticiosas. Considero que los medios de comunicación deben tomar conciencia en aumentar la programación cultural y evitar la información sensacionalista o amarillista.

5. -Como ciudadanos. Nuestra sociedad está viviendo una serie de problemas patológicos que están afectando la estabilidad familiar, y desafortunadamente los jóvenes son víctimas de una serie de calamidades, tales como: el narcotráfico, la prostitución, el abandono familiar, hogares desintegrados. Y para mí el primer factor es el económico, por la mala distribución de la riqueza en nuestro país. Los panameños debemos ser conscientes de la problemática que vivimos, y el gobierno debe implementar las medidas de prevención donde las instituciones y los ciudadanos actuemos en conjunto (unir esfuerzos).

Para una mejor prevención social, debemos ser vigilantes con los menores, en la familia, en la escuela, en los deportes y en cualesquiera otra actividad propia de la minoridad, con el fin de que se coadyuve a la formación positiva del menor. Debemos todos los panameños hacer eco de la frase de Middendorff "es mejor y más barato prevenir que curar".

El autor es abogado y docente universitario



 
 
 
 
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