| LA INSEGURIDAD EN EL PAÍS.
La tentación de volver a los gorilas
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Todo Panamá sufre con los problemas de seguridad agudizados recientemente. El equipo de gobierno reaccionó y siento que todos debemos apoyar los esfuerzos de solución, pues ¡no hay eficacia policial posible sin la colaboración activa de la comunidad! Aquí no vale pensar en "ellos" (Policía) y "nosotros" (ciudadanos); si no hay colaboración, simplemente no habrá seguridad; entendámoslo de una vez por todas.
Como estudié algo de milicia y a la vez he entrevistado a muchos jefes de Policía de Norte, Centro y Sur América que afrontaban problemas de seguridad mucho más complicados que los nuestros; conozco entonces algo de lo militar y lo policial, lo que me deja claro que son dos profesiones radicalmente distintas. Los problemas de delincuencia no – repito – no tienen solución militar posible. Es más: lo militar más y más se va convirtiendo en irrelevante en el mundo moderno. Gobernantes se equivocan de bruces al querer aplicar la palabra "guerra" a problemas modernos, para encontrar oficio a los militares de sus países. Unos cuantos ejemplos: la "guerra" contra las drogas: se le pasó a los militares y está perdida hace años; solo falta el coraje político para aceptar la derrota y buscar otras soluciones creativas civiles. La "guerra" contra el terrorismo: se le pasó a los militares y luego de cientos de miles de muertos, está totalmente perdida. Tomará una elección de nuevos gobernantes para aceptar la derrota, traer de vuelta a casa a los militares y buscar soluciones nuevas de inteligencia civil creativas. Igual ocurre con la "guerra" contra la delincuencia y la increíble solicitud de nuestros gorilas de exigir la renuncia del jefe civil de la Policía para poner al mando a un militar (ver La Estrella del 28 de marzo) … de caer en ésto, sería como chocarnos con el mismo tronco una y otra vez (leer a Carlos Iván Zúñiga en La Prensa del 31 de marzo). Nuestro país nunca estuvo más inseguro que cuando gobernaba la mafia militar y la Zona del Canal estaba atiborrada de militares gringos.
Al militar primero se le vacía la cabeza de razonamientos humanos, para luego enseñarlo a matar a otros seres humanos "por orden superior". Necesita a un enemigo frontal; si no lo tiene (caso Panamá) lo crea (el pueblo civil era el enemigo). Como ya no existen enemigos frontales en el mundo, sino terroristas y guerrilleros, los militares se han quedado sin oficio… en busca de "guerras" inexistentes para sobrevivir.
Al policía, en cambio, se le entrena para proteger a la comunidad que sirve. Su mayor arma es la inteligencia, el servicio y la conexión con su comunidad. Su arma de reglamento es símbolo de autoridad a ser usada como último recurso frente a una comprobada agresión.
¿Cómo se mide la eficacia de un cuerpo de policía?... por el tiempo-respuesta a un llamado de auxilio por parte de un ciudadano (a). Para ésto, más importante que armas de más grueso calibre, es tener un buen sistema de comunicación con la comunidad (el 104 no está funcionando bien; ojalá que el 911 en construcción con dineros de la Teletón 20-30 sí lo logre). También se necesita un buen sistema de comunicación entre unidades… suficientes medios de transporte, y mucha educación de cómo manejarse y servir a su comunidad. Una Policía que atiende de inmediato el llamado de su comunidad, crea confianza y colaboración. Si cada ciudadano se convierte en ojos y oídos de su Policía, no hay delincuencia que pueda con ella.
A mis conciudadanos: no caigan en la tentación de pensar que la solución a la delincuencia es regresar a la época de los gorilas… ¡memoria! Para ellos la democracia no es más que un paréntesis entre dictaduras. No sean ingenuos colaboradores de una próxima dictadura… y de una mayor inseguridad sin libertad.
¡A colaborar con la Policía dirigida por civiles!... esa es la única solución posible.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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