Rafael Arosemena supuestamente vino a Panamá a hacer frente a las condenas por peculado que pesan sobre él. Tuvo 16 años para defenderse, pero prefirió la comodidad de la libertad en México. Y llegó a Panamá en un vuelo privado, fue llevado a una cárcel, pero al parecer, no le gustó.
Desde entonces, como en una especie de periplo turístico hospitalario, ha visitado varias clínicas privadas del país. Bien podría hacer escala en algunos hospitales del Estado donde seguramente ahora falta el dinero, que él no tuvo ningún reparo en tomar de las arcas del Banco Nacional y que no fue poco, pues la Contraloría ha calculado que el monto aproximado de los desfalcos en los que está implicado suma más de 14 millones de dólares.
El Ministerio Público, responsable de llevar a estos sujetos ante la justicia, nos viene con una recomendación para que este señor se vaya a casa (¡y qué feliz coincidencia!) en Semana Santa. Ojalá reflexione sobre el hecho de que es necesario el arrepentimiento para obtener el perdón. Si lo logra, ese sería un buen primer paso. El segundo –también ineludible– es devolver lo sustraído. |