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Una carta para la historia
Juan B. Gómez
Hace poco el Dr. Carlos Guevara Mann envió una carta pública a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, a su paso por nuestro país. Considero que fue una carta para la historia. Si no fuera por hombres como el que la escribió, nuestra historia estaría llena de ídolos de barro, encumbrados por los que solo miran a ras del suelo, donde no hay cabida para la grandeza ni para la verdadera historia.
Guevara Mann le dice a la mandataria chilena quiénes son los verdaderos patriotas panameños, y critica directamente que en Chile hayan erigido un busto al general Omar Torrijos en una plaza que lleva el nombre de Panamá. Él dijo que, en lugar de haber puesto el busto del "dictador Torrijos", hubiera sido más justo poner en su lugar el del general Tomás Herrera, el de Justo Arosemena, Harmodio Arias o Ricardo J. Alfaro.
Guevara Mann le hace saber a la presidenta chilena que, "el oportunismo y la negación de la soberanía popular fueron, contrariamente, las normas de conducta que inspiraron la trayectoria de Omar Torrijos, desde que a mediados de la década del 50 ingresó en la Guardia Nacional y se vinculó a los servicios de espionaje del ejército estadounidense. Durante su dictadura, iniciada en l968 tras la usurpación del poder público por un grupo de compañeros de armas, "desaparecieron" decenas de panameños; muchos otros fueron ultrajados, perseguidos y torturados; se suprimieron las libertades ciudadanas; y se promovió la corrupción de manera escandalosa, para beneficio de la camarilla en el poder".
Yo suelo reunirme con un grupo de amigos en el café de Romero de Doleguita, en la ciudad de David. Y la tarde de la publicación de la carta de Guevara Mann (La Prensa, 21-3-07) se discutió acaloradamente esa carta entre mis amigos. Uno de ellos, Inocencio (Coco) García, que siempre ha sido muy parco en sus opiniones políticas, esta vez pronunció un pequeño discurso. Coco advirtió que él no estaba de acuerdo con las muertes, persecuciones, carcelazos y destierros de las dictaduras, pero debíamos reconocer que Pinochet, en Chile, y Torrijos en Panamá, realizaron una gesta patriótica en sus países. Enfatizó que Allende hubiera llevado a Chile a la ruina más espantosa: que Pinochet lo llevó a ser el país mejor y más disciplinado -económicamente hablando- de toda Hispanoamérica. Y sin Torrijos -enfatizó Coco- el Canal de Panamá todavía sería de los gringos, él fue quien consiguió que nos lo entregaran...
Aquí ardió Troya. Nuestra reunión se convirtió en un mitin. Enrique Quintana y el abogado Milciades Méndez se opusieron a las afirmaciones del amigo García. Ellos, Quintana y Méndez, sostuvieron que aceptar que sin Torrijos seguiríamos con los gringos en el Canal, sería desconocer a todos los panameños que lucharon, desde la independencia, por lograr ese objetivo. Francamente lo que hizo Torrijos fue coger los mangos bajito. El presidente Carter tenía como objetivo prioritario de su administración entregar el Canal a los panameños; y Torrijos hizo el teatro de que sin él no lo hubieran entregado. Carter nos lo hubiera entregado cualquiera hubiese sido el gobernante que hubiera estado en el poder. Torrijos no leyó siquiera los tratados que firmó. La gran lucha por conseguir la entrega del Canal de Panamá la realizó Carter en Estados Unidos...
Y en cuanto a que Pinochet salvara la economía chilena, nada de eso se puede comparar con los largos años de tiranía, de matanzas y de desaparecidos que dejó tras de sí en su país...
El destacado historiador nacional Jorge Conte Porras escribió en su Calendario Histórico de la Nacionalidad:
"26 de marzo de 1978. Señala la prensa norteamericana que la labor sin paralelo desplegada por el presidente James Carter para conseguir la aprobación de los Tratados Torrijos-Carter tuvo que vencer innumerables obstáculos en todas las esferas políticas. Sin él no se hubiera podido conseguir la firma de estos documentos".
El autor es periodista
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