Hasta ahora, la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) ha sido tímida, ambigua y hasta esquiva en la materia de su competencia: ser el guardián de nuestros preciosos e irreemplazables recursos naturales. La decisión que ahora adopta con el rechazo de la planta de cemento en Rodman es un paso correcto que todos los habitantes del país seguramente agradecerán.
Y la razón es tan sencilla como vital: ese proyecto no puede estar ubicado en esa zona porque sin duda enfermará a la gente; contaminará los bosques adyacentes; estorbará las actividades de la zona, incluyendo las operaciones del Canal de Panamá, del aeropuerto Marcos A. Gelabert y el tránsito en el puente de Las Américas y la terminal de Albrook; ahuyentará el turismo y perjudicará el paisaje, incluyendo casas y edificios de numerosas zonas pobladas y verdes de la ciudad.
No es poco lo que está en juego, de ahí que esta decisión de la Anam merece todo el apoyo ciudadano para evitar que algún tecnicismo legal logre revocar la medida y nos sorprendan con un escándalo de concreto. |