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Reportaje especial
Panamá, sábado 31 de marzo de 2007
 

NO HAY QUE OLVIDAR LA HISTORIA.

Civilismo vs. militarismo

Carlos Iván Zúñiga Guardia

"La Fuerza Pública no la debe dirigir un civil", ordenanza nostálgica.

La resistencia civilista tiene sus episodios. Es la resistencia al predominio cuartelario. El militarismo propiamente dicho como sistema político en manos de los militares comenzó a tomar fuerza en la era del comandante José Remón. Nacida la República, ya bajo el gobierno de Amador Guerrero, el general Esteban Huertas como jefe del ejército panameño, pretendió participar hegemónicamente en la conducción del Estado. El primer asalto verde olivo logró destituir a los secretarios de Estado Tomás Arias y Nicolás Victoria. Luego, al licenciarse el ejército, Huertas convocó un amotinamiento de los soldados, pero el secretario Santiago de la Guardia conjuró sus efectos subversivos, seguramente insinuando la existencia del intervencionista artículo 136 constitucional. El civilismo logró un respiro de paz y hasta el año de 1941 los gendarmes no se hicieron presentes en las asonadas golpistas.

El 9 de octubre de 1941 con el derrocamiento del presidente Arnulfo Arias, la Policía panameña en estrecho acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos, dio inicio a una etapa de turbulencias político-sociales. ¿Cuál era su característica? La Policía Nacional se convirtió en actor y árbitro, simultáneamente, del acontecer político. La estabilidad del gobierno de hecho, instaurado en 1941, al carecer de apoyo popular descansaba en la protección de la Policía Nacional.

A partir de 1941, dos fuerzas comenzaron a definirse en el campo político, las civilistas y las militaristas. Fue en su inicio una definición bastante tibia, pero estimo que en esa época encontramos la semilla consciente de ambas tendencias.

El primer enfrentamiento de estas dos fuerzas históricas se produjo en el año de 1949, cuando el comandante de la Policía, José Remón, derrocó al presidente Chanis e instauró en el poder al doctor Arnulfo Arias. La resistencia civilista del presidente Chanis logró alcanzar un repudio colectivo al golpismo de Remón. Ese repudio pudo haber dado fin a la era de Remón si éste no recurre al maquiavélico recurso de colocar en la Presidencia al doctor Arias, quien a la sazón era el líder de la oposición y el real ganador de laselecciones de 1948.

La alianza Arias – Remón se rompió en el año 1951 al ser depuesto el presidente Arias por haber derogado de un plumazo la Constitución de 1946 y habilitado la de 1941. El movimiento popular, comandado por el Frente Patriótico y por la mujer civilista panameña, presionó y dio al traste con el régimen imperante, pero los acontecimientos colocaron al jefe de la Policía, José Remón, como una alternativa política directa o personal, ya sin las alternativas de intermediarios.

En las primeras elecciones populares, las de 1952, luego del golpe de 1951, las dos fuerzas tradicionales en pugna se enfrentaron. Para impedir el triunfo de los militares se organizó la Alianza Civilista y a la cabeza de ella se colocó a Roberto F. Chiari. El comandante Remón era el candidato oficial y el abanderado de los cuarteles.

El proceso electoral de 1952 no fue transparente y hubo muchas irregularidades. En algunas regiones hubo más votos escrutados que los censados o registrados.

El censurable asesinato del presidente Remón en el año de 1955 produjo un paréntesis civilista hasta 1968. No obstante, en ese lapso, la Guardia Nacional no dejó de ser, algunas veces, actor o árbitro de la cuestión política.

A partir de 1968 hasta 1989 la historia registra tantos golpes de Estado como comandantes en jefe tuvo la institución, salvo en el breve periodo del comandante Florencio Flores.

En el año de 1968, los militares Martínez y Torrijos derrocaron al presidente Arias; y luego Torrijos depuso a Pinilla; el coronel Rubén Darío Paredes derrocó a Aristides Royo y, por último, Noriega defenestró a cuanto presidente encontró en su camino.

A partir de 1989, año luctuoso y final de la revolución militar, el civilismo apartó de la alta dirección de la Policía Nacional a los militares. Ningún jefe de la policía en la era civilista ha sido señalado como un personaje tentado por el golpismo. Institucionalmente el país no ha vuelto a vivir las experiencias de los cuarteles sublevados. Los presidentes Endara, Pérez Balladares y Moscoso no tuvieron sobresaltos como los vividos por Arnulfo Arias, Daniel Chanis, Pinilla, Royo, De La Espriella, Del Valle, Esquivel, Ardito y otros. Ni los vive el actual mandatario Torrijos Espino.

Empero, como la corriente militarista no cesa en su deseo de volver al viejo deleite o al viejo desorden, pretende aprovechar la crisis social y el aumento de la criminalidad para postular el retorno de los militares al mando de la Policía Nacional. Lo que se postula se basa en una falsa percepción de la delincuencia y de la misión humana. En otros países, con mayor delincuencia, quienes están al frente de la Fuerza Pública son militares de escuela, de pura cepa. El problema de la delincuencia nada tiene que ver con la personería militar o civil de la Fuerza Pública.

Si el presidente Torrijos desea que el país vuelva a las turbulencias golpistas, entonces que proceda a dar las llaves de la seguridad del gallinero al zorro antorchado. La historia no es un simple registro de episodios, es el señalamiento de experiencias buenas o malas y solo los mediocres y los irresponsables son seducidos por las malas. La apretada síntesis expuesta sobre la inestabilidad institucional provocada por la gula militar, debe ser guía previsora de todo gobernante democrático.

Es obvio que el enfrentamiento de militaristas y civiles sigue solapadamente en el escenario nacional. Los civilistas, en homenaje a sus luchas y a sus sufrimientos, no deben bajar la guardia ni olvidar la historia.

El autor es abogado y fue rector de la Universidad de Panamá



 
 
 
 
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