| POLÉMICA.
El aborto en contexto realista
Rubén Pardo
Se habla de aborto cuando hay: 1) trastornos genéticos; 2) violación y 3) embarazo no deseado. También es significativo el caso específico del ‘aborto terapéutico’ en que se da una elección quirúrgica entre el feto y la madre. Lo cierto es que el aborto, como problema ético, suele ser, entre los ‘pro-vida’ y los ‘pro libertad personal’. Se habla de los conservadores, moralistas o dogmáticos, por un lado, y por el otro, de defensores de la libertad de decisión (‘decisionistas’, ‘liberales’, y hasta anárquicos). Si se me preguntase, con cuál bando estoy, diría que con ninguno. La pregunta no es lo suficientemente específica en cuanto a los casos ni a los contextos individuales y sociales, por ende, no lo es biológica, psicobiológica o psicosocialmente. La alternativa de la pregunta no es realista y sigue una respuesta que nos conduce a un segundo plano del análisis del problema complejo que representa el aborto. Hay aspectos tajantes que no se pueden obviar: 1) un feto, y aun un recién nacido, no mentan, es decir, no han desarrollado un neocórtex (subsistema asociativo plástico, llamado también sistema nervioso plástico) que pueda ejecutar sentimientos, ideas, razonamientos y demás funciones mentales propias de un sistema mentante (con esto descartamos el tonto problema de responder a si un feto es o no un ser humano: no lo es); 2) El pseudoargumento conservador que dice: ‘el feto es un ser humano en potencia’, es extemporáneo para la ciencia y la filosofía científica, simplemente, un organismo de nuestra especie llega a condicionar la aparición de propiedades humanas, con el desarrollo, posterior al nacimiento, del sistema nervioso central, SNC, estas condiciones incluyen la formación de un sistema nervioso plástico (SNP, el cual será el único capaz de aprendizaje y conciencia, por ende, mentará), en el cual surgen las conexiones interdentríticas que forman psicones (psicón: unidad básica del SNP) y otros subsistemas plásticos basados en los mismos. Las propiedades psicobiológicas y psicosociales que caracterizan todo lo que se pueda atribuir al término ‘humano’, son todas posteriores y superiores a las de un feto. Tampoco hay que caer en el error de Roberto Hernández (artículo aparecido en este diario en la edición del miércoles 7 de febrero del año en curso: Una crítica al argumento contra el aborto) de decir que: ‘El feto humano en este período [los primeros meses] mide apenas una fracción de pulgada, no tiene cerebro ni sistema nervioso, no es consciente, y no tiene la más mínima capacidad de razonar’. Lo dicho es cierto, en parte. Decir ‘primeros meses’ implica referirse a más de uno o dos meses.
Es equivocado decir que no tiene ya un sistema nervioso, al menos incipiente (hasta las hydras y las anémonas de mar poseen los sistemas neurales como organismos radiados). Por otra parte, el feto de nuestra especie, a las siete semanas, presenta bien diferenciadas tres estructuras nerviosas: el cerebro posterior, medio y anterior. El primero (futuro cerebelo), el segundo (hará el control perceptual de audio y video (y más funciones), en los vertebrados) y el anterior (se desarrollará en protuberancias masivas que serán las divisiones cerebrales: hemisferio izquierdo y derecho). Como el feto no menta, se elimina la trivialidad de decir que el feto no es consciente y no razona. Estar consciente y poder razonar implica las estructuras plásticas del SNC propias del SNP. Vemos lo insulso que es para un intelecto científico, con los conocimientos psicobiológicos necesarios, el tema de la trivialidad de refutar un desgastado argumento tradicional, ya que la humanidad no es propia de la fetalidad. Para aclarar, en un estricto sentido materialista, propio de la ciencia actual y de la filosofía científica: un feto es un pseudo-organismo, por ende, menos puede ser considerado un ser humano (tiene 100% de dependencia de su progenitora o de cualquier sistema que lo sustente). Recordemos que una de las condiciones mínimas de la definición realista de organismo es la capacidad de independencia espacial, aun dentro del medio que lo sustente, con el cual todo organismo tiene un considerable grado de movilidad. Hay que sacar de enfoque los obvios errores de la estructura lógica y centrarse en los inadecuados usos fuera de contextos.
Resalta Hernández lo que dicen los conservadores: ‘Este ADN contiene el código genético de cada persona …’, y continúa, ‘… o sea las instrucciones que son como un plan que determinará todo lo que será la vida biológica del ser humano adulto’. El término ‘todo’ excluye las influencias que el organismo recibe de las condiciones naturales y sociales. Lo genético determina parte (importante, pero no única) de lo que será la vida de tal organismo. El problema del derecho a la vida tiene un contexto sociocultural. No me es atinado criticar los argumentos de los conservadores ‘pro-vida’. Es como si yo me desgastase en rebatir los argumentos de los astrólogos sobre la base de la física y de la subfísica llamada astronomía. Por ello preferí criticar a Hernández y no a los insuficientes argumentos de los ‘pro-vida’, los cuales debiesen dedicarse a vivir exclusivamente de aire y agua, puesto que del alimento vegetal, animal u hongo debiesen abstenerse como dieta si desean ser consistentes.
Por otra parte, el tema de los derechos es un problema propio de sistemas socioculturales, de sociedades que, conformadas por organismos con altas capacidades psicobiológicas y psicosociales como la especie humana (homo sapiens sapiens), pueden estructurar normas sustentadas o no en la ciencia y la filosofía científica o, en simples creencias más o menos elaboradas. Los derechos son propios de organismos deliberantes que, siendo animales, son más que meros animales sin dejar de serlo. Las normas como tales, son ficciones si no están en un contexto real mínimamente social. Las normas son desde arbitrarias hasta consensuadas, pasando por los términos medios de decisiones democráticas; y van desde lo autoritario hasta el punto en que todos los miembros de la sociedad estén de acuerdo en la misma decisión. Lo arbitrario es absolutista y extemporáneo, lo unánime es ideal y prácticamente difícil (a menos que se trate de grupos sociales reducidos en número con miembros con un mismo grado de dominio del tema). Lo común son casos intermedios de deliberación con mecanismos de decisión en base a mayoría.
Un feto no es deliberador, pero las sociedades pueden atribuirle derechos a fetos, ballenas, vacas, leones, pirañas, plantas, insectos, en fin, microbios y a lo que decidan. No hay derecho sin valoración previa, y por supuesto que la etapa fetal es previa a la humana. La valoración del feto dependerá del grado de desarrollo cultural y social.
El autor es profesor de ciencia y filosofía
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