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Reportaje especial
Panamá, viernes 30 de marzo de 2007
 

ACORRALADOS.

Sueño de una noche de traidores

Rodrigo Jaime Miranda Hernández

El paisaje era de un gris intenso, dentro de ese gris lograba ver un color naranja que hacía un juego irreal con ese tono de sala donde vamos a parar todos los mortales para que nuestras entrañas sean revisadas. Dentro de este gélido campo una pléyade de adláteres hacía coros y hurras para tres personajes sentados en una mesa donde se distinguía mejor ese tono (naranja) que me lastimaba los ojos. Toda esta algarabía digna de una turba de leperos, me recordaba a la ninfa Eco y a Narciso, ya que cuánta sandez decían los tres protagonistas principales a esa muchedumbre: se repetían los mismos alaridos: "yo no me acuerdo", "yo no me acuerdo", "está en el pasado", "está en el pasado". Cuánta empatía, cuánta alegría. Extraña cosa, todos, incluyendo la figura vestida de naranja, estaban uniformados de despachadores de gasolineras*.

Dentro de tanta felicidad, donde solo faltaba que Afrodita, diosa de la belleza y su hijo Eros, mandado por su madre, tomara su carcaj y lanzara su dardo más afilado a todos los espectadores y quedaran inmediatamente con un extraño fuego en sus venas y las miradas de sus ojos severos por la codicia, la ambición desmedida, el clientelismo, la avaricia, el amiguismo, las ínfulas de sentir el ardor del poder, se hicieran melancólica. Pero de repente, dentro de este sueño gris, aparecieron como salidos de la caja de pandora, unos ciudadanos, una masa humana imponente, enorme, y ese lugar gris se tornó multicolor, esa masa trajo consigo educación, justicia, igualdad de derechos, seguridad, salud para todos, empleo, y, sobre todo, dignidad y amor por un país con color (por supuesto no el que Rubén promueve en canales digitales). Esta masa tomó a todos, principalmente al "traidor", a "la reina de Carnaval", y a todos los seguidores hinchados de ambiciones e intereses creados con sus caras de egoísmo y maledicencia y los sacaron (sin perdonar a ninguno) a rastras y uno por uno fueron pintados con símbolos de obstinación y clasificados de malos a putrefactos y luego de eso fueron, según su denominación, ahorcados o fusilados.

La masa eufórica gritaba en coro el pensamiento de Beaumarchais, en le mariage de Figaro: "Nobleza, fortuna, un lugar en el mundo; he aquí lo que os hace tan soberbios. ¿Qué hicisteis para poseer tantos bienes? Os habéis tomado el trabajo de nacer y nada mas". Pero con un sonido familiar despierto y triste en mi más profunda desilusión veo que era un sueño, que llegó como el rayo y se fue como el viento.

Medito y pienso que el sueño es como un bálsamo, para todos, para este Panamá acorralado por las clases politiqueras de siempre, por los mismos fariseos que hoy se llaman traidores y luego toman tragos juntos y derrochan el dinero de los esclavos contribuyentes robado a diestra y siniestra. !Oh sueño, nudo seguro de la paz, asilo encantador del espíritu, bálsamo de la lucha, riqueza del pobre; liberación del prisionero, juez imparcial de los poderosos y de los humildes. Líbranos señor a todos los panameños honestos y trabajadores que somos el pilar de esta pobre tierra gobernada por estos personajes grises y naranjas, no dejes que tanto cariño entre ellos nos cueste más años de improperios y burlas, atropellos y cinismo y enriquecimiento ilícito.

*Se trata de una profesión a la que, con frecuencia, se alude en USA, en sentido peyorativo. (Clarke Gerald; byblos, 2006).

El autor es abogado



 
 
 
 
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