| GOCEMOS LA FIESTA ELECTORAL.
La revolución del voto
I. Roberto Eisenmann, Jr.
A los panameños nos gustan las carreras políticas y nos gusta votar e incluso nos gusta favorecer a algún amigo e inscribirnos en su partido político; toda la fiesta política es de nuestro agrado. Pasada la fiesta, si "ganamos" nos pasamos un buen rato "buscando la toalla" del puestecito en el gobierno. Si "perdemos", entonces hacemos lo posible por pasar desapercibidos para no ser parte de la botadera que propiciará el que se encarama; así terminamos siempre todos juntos con gobiernos tan incompetentes como corruptos. Los gobiernos no funcionan porque con las botaderas de cada cinco años nadie sabe cómo hacerlos funcionar. Debido a ésto, no importa cuán bien esté la economía, el 40% de nosotros sigue pobre… y seguirá siendo pobre; los sistemas de salud, lejos de curarnos, nos someten a filas interminables y terminan envenenándonos y matándonos, el transporte público es para la mayoría de nosotros una tragedia de cuatro horas diarias que también nos mata, y nuestras escuelas… para qué seguir.
Todos terminamos siendo del mismo partido informal producto de la constante amargura ante la ineficacia y arrogancia de los que enviamos a los puestos públicos para servirnos, pero que engañándonos van es a servirse.
No nos queda más remedio, para lograr que se nos escuche, que cerrar calles, lo cual produce otras promesas incumplidas, lo que nos lleva a cerrar más calles y gritar más duro nuestras protestas, en un "etcétera" que no tiene cómo terminar. Los que tenemos la gran suerte de conseguir un trabajo ganamos un salario mínimo por debajo de B/.300 mensuales, mientras que los que enviamos a los puestos públicos a servirnos, sin vergüenza alguna, ganan B/.10,000… mas el negocio de los carros exonerados… mas B/.4,000 para nombrar parientes… más correo gratis... mas cartuchitos cada vez que se acerca un voto importante… mas cupos de transporte… mas viajes por todo el globito del mundo… y, lo peor, cuando nos quejamos su respuesta es una carcajada cínica.
Tenemos que hacer una revolución, no de armas, –porque no somos gente violenta– sino una que logre una transformación mayor de nuestro sistema político.
¿Qué les parece si en la próxima elección no votamos –como PRD, panameñistas, CD, molirenas, vanguardistas o unión patrióticos– sino como un pueblo unido contra la corrupción, la explotación y la degradación humana? Después de todo, tenemos todos un enemigo común que es la avaricia, acompañada por la arrogancia de las élites gobernantes, sean del partido que sean. No estoy proponiendo la ridícula idea de que nos convirtamos en nuevos hombres y mujeres, sino que ejerzamos nuestro voto en una forma nueva.
Gocemos de la fiesta electoral, recibamos la camiseta y el saco de cemento, pero –a la hora de emitir nuestro voto secreto– hagamos el mayor de los actos de rebeldía: votemos por las caras frescas que tengan una historia de honestidad comprobada y se hayan comprometido a reformas serias … que produzcan trabajos… que aumenten los salarios mínimos… que se comprometan a reformar el sistema de salud para que funcione para nosotros … que se comprometan a transformar el transporte público para nosotros… que transformen la educación… que ayuden a llevar a la cárcel a los corruptos de saco y corbata… que inviertan nuestros dineros de nuestro Canal en mejorar nuestras vidas; además, votemos por partidos distintos para presidente y para la Asamblea, para así evitar el nefasto control de los poderes.
¡Hagamos lo que tengamos que hacer para unirnos en el propósito de lograr una revolución con nuestros votos!... antes de que sea tarde.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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