| PERSPECTIVAS DE PAZ EN EL MEDIO ORIENTE.
Hablar sobre Israel
Nicholas D. Kristof
Los demócratas están criticando duramente al presidente Bush por casi todo lo que hace, con una excepción importante: su abrazo sofocante a Israel.
No hay debate político serio entre los demócratas ni entre los republicanos respecto a nuestra política hacia israelíes y palestinos. Y ese silencio daña a Estados Unidos, a las perspectivas de paz en el Medio Oriente y al propio Israel.
Dentro de Israel, se escuchan debates cáusticos en la política y los medios informativos sobre el uso de la fuerza y la ocupación de los territorios palestinos. Sin embargo, ninguno de los candidatos estadounidenses más fuertes está dispuesto hoy en día a ser la mitad de crítico de las políticas de línea dura del gobierno israelí como, por decir algo, Haaretz, el periódico israelí.
Hace tres años, el ministro de justicia de Israel habló en público de las fotografías de una anciana palestina junto a las ruinas de su casa tras haber sido destruida por el ejército israelí. Dijo que le recordaba a su propia abuela, a quien los nazis habían desposeído. ¿Se pueden imaginar a un secretario estadounidense del gabinete diciendo alguna vez semejante cosa?
Una razón del vacío es que los políticos estadounidenses han aprendido a amordazarse ellos mismos. En la precampaña para las primarias demócratas de 2004, Howard Dean dijo que prefería "un papel imparcial" para Estados Unidos y lo atacaron por ser hostil a Israel. Asimismo, han regañado a Barack Obama por atreverse a decir: "Nadie está sufriendo más que el pueblo palestino". En contraste, Hillary Rodham Clinton se ha negado en forma segura a mostrar una pulgada de luz del día entre ella y el primer ministro Ehud Olmert.
Una segunda razón podría ser que los políticos estadounidenses simplemente no entienden nada. El rey Abdullah de Jordania habló ante el Congreso este mes y advirtió: "El origen de la división regional, la fuente del resentimiento y más allá de la frustración, son la negación de justicia y paz en Palestina". Aunque se le critcó ampliamente, el rey Abdullah estaba totalmente en lo cierto: desde Marruecos hasta Yemén, a Sudán, la causa palestina enardece a personas comunes en los cafés más que prácticamente ninguna otra cosa.
Se puede argumentar que los árabes persiguen un estándar doble centrándose en la represión de los israelíes en tanto hacen caso omiso de mayores violaciones a los derechos humanos de otros árabes. Sin embargo, el sufrimiento en los territorios palestinos, aun cuando no es ni remotamente a la escala de la brutalidad en Sudán o Irak, sigue siendo trágicamente real.
B'Tselem, una respetada organización israelí de derechos humanos, informa que el año pasado palestinos mataron 17 civiles israelíes (incluido un menor) y seis soldados israelíes. En el mismo período, dijo B'Tselem, fuerzas israelíes mataron 660 palestinos, el triple que en 2005. De los palestinos asesinados en 2006, la mitad no participaba en las hostilidades al momento de su muerte, y 141 eran menores.
Durante más de medio siglo, Estados Unidos fue un intermediario honesto en el Medio Oriente. Los presidentes Harry Truman, Lyndon Johnson y Ronald Reagan fueron más cálidos con Israel, y Dwight Eisenhower y George H. W. Bush algo más tibios, pero todos buscaron un equilibrio. George W. Bush abandonó esa tradición del equilibrio.
Las política israelíes de línea dura han dañado profundamente la seguridad a largo plazo de ese país al agregar asentamientos vulnerables, radicalizar jóvenes palestinos, darle poder a Hamas y Hizbulá, aislar a Israel en el mundo, y fomentar otra generación de terroristas en Líbano. El enfoque agresivo del derecho israelí solo ha dañado la seguridad israelí, casi en la misma forma que la invasión de Bush a Irak terminó por afectar intereses estadounidenses.
Lo mejor que Israel puede esperar a largo plazo no es un muro mejor ni más armamento, estos pueden proporcionar una medida de la seguridad a corto plazo, pero serán de poca ayuda si los terroristas recurren, como lo harán al final si continúa la trayectoria presente, a armas químicas, biológicas o radiológicas. En última instancia, la seguridad para Israel surgirá solo a partir de un acuerdo de paz con los palestinos. Incluso, sabemos qué aspecto tendrá ese tratado de paz: el acuerdo de Ginebra, alcanzado en 2003 por negociadores privados israelíes y palestinos.
M.J. Rosenberg del Foro de política de Israel tituló una columna reciente: No se necesita consentir caprichos. Prudentemente hizo un llamado a los candidatos presidenciales estadounidenses a que mejor demuestren su apoyo a Israel comprometiéndose a: "Si me eligen presidente, haré todo lo que esté en mis manos para que israelíes y palestinos lleven a cabo negociaciones con el objetivo de lograr paz y seguridad para Israel y un Estado seguro para los palestinos".
El verano pasado, después de que Hizbulá mató tres soldados israelíes y secuestró otros dos, Olmert invadió Líbano y, por tanto, transformó Hizbulá en una fuerza heroica en gran parte del mundo árabe. Bush habría sido un mucho mejor amigo de Israel si hubiese tratado de controlar a Olmert. Así es que seamos mejores amigos, y dejemos de mordernos la lengua.
The New York Times
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