| EL NUEVO ROL DE CHINA.
La inversión se mueve en arenas movedizas
José Domingo Arias
Para Microsoft, IBM, General Motors y Walmart, la República Popular China, además de una oportunidad de mercado, representa ganancias extraordinarias. Ted Fishman en su libro China Inc., indica que el retorno promedio de las filiales norteamericanas establecidas en China es de un 42%, por lo que no es casualidad que China sea el principal receptor de inversión extranjera directa del mundo.
La complejidad de la relación comercial y financiera entre China y Estados Unidos es producto de una transformación irreversible del orden internacional, resultado de la globalización que ha creado una interdependencia económica sin precedentes. Las reservas internacionales de China, que ya han pasado la astronómica cifra de un millón de millones de dólares (US$1,000,000,000,000.00) están colocadas, de acuerdo con estimaciones de expertos citados por el New York Times, en un 70% entre bonos del Tesoro de Estados Unidos y valores estadounidenses con garantía hipotecaria.
En este nuevo escenario, las prioridades económicas junto con los objetivos estratégicos y geopolíticos toman nueva forma en una transición en la que la relación diplomática entre China y los Estados Unidos dista mucho de aquella basada en los parámetros de la Guerra Fría.
Estados Unidos sostiene hoy día una relación diplomática balanceada con China que además de garantizar, entre otros factores, la seguridad jurídica de sus inversiones, mantiene un canal de comunicación abierto en temas globales como la lucha contra el terrorismo, la amenaza nuclear de Corea del Norte y el peligro de una pandemia originada por la gripe aviar.
Estados Unidos sabe que el nuevo rol de China en el escenario global, aunque incierto, es irreversible y ha ajustado su visión en función de los nuevos desafíos. En este contexto es difícil explicarse cómo un país como Panamá no tiene relaciones diplomáticas con China y prefiere mantener el viejo vínculo con Taiwan. Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con Taiwan en 1979 y ha reconocido desde entonces la existencia de una sola China.
Solo algunos países, poco más de una veintena, mantienen relaciones diplomáticas con Taiwan y son básicamente naciones pobres de África, Centroamérica y el Caribe. Ninguno de estos tiene el multimillonario intercambio comercial que Panamá tiene con China, ni la proyección de inversiones que ofrecemos ante la expansión del Canal. En estas condiciones los parámetros de decisión difieren gravemente.
China también representa ganancias para las empresas panameñas, sin embargo, el comercio y la inversión recíproca se mueven en "arenas movedizas" a falta de relaciones diplomáticas. Solo con relaciones diplomáticas plenas entre Panamá y China Popular se puede crear la confianza que se necesita para expandir el flujo del comercio y la inversión recíprocas.
En el nuevo contexto global, con nuevas prioridades económicas sin descuidar las estratégicas, cualquiera que sea la causa que está retrasando el establecimiento de relaciones diplomáticas con China debe ser descartada.
Una relación balanceada con todos los grandes jugadores globales es una necesidad de nuestra política exterior y reflejaría una renovada madurez de nuestra cancillería.
El autor es empresario y economista
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