La ministra de Vivienda, Balbina Herrera, reconoció que el talón de Aquiles del Gobierno es la falta de seguridad que viven los ciudadanos. Su declaración no es novedad, pero sí la confesión pública de una realidad cotidiana por parte de un alto funcionario. Reconocer el problema es buen comienzo para intentar solucionarlo.
El clima de inseguridad afecta a los ciudadanos, a todos los que transitamos sin guardaespaldas ni helicópteros; a los barrios altos y a los pobres por igual, a cada persona que convive con la amenaza latente sin contar con la protección a la que están llamadas –prioritariamente– a brindar las autoridades. Afecta también a los extranjeros que, a pesar de todo, todavía encuentran en Panamá una nación relativamente segura luego de compararla con los demás países de la región.
Pero los panameños no tenemos por qué conformarnos con las desgracias ajenas, ya que tenemos derecho a reclamarle al presidente Martín Torrijos un país más seguro –y no menos– del que él recibió cuando asumió el mando. |