| ADMISIÓN EN LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.
Como el cangrejo
Berna D. Calvit
bdcalvit@cwpanama.net
Difícil explicar lo que pensé al enterarme de que la Universidad de Panamá decidió, por segundo año consecutivo, bajar el índice académico de 1.0 a 0.7 a los aspirantes que no alcanzaron el puntaje requerido. Las señales de alarma que advierten a mis neuronas cuando hay peligro a la vista se dispararon alocadamente. Bajar el puntaje es, quién puede dudarlo, buenísima noticia para los 5 mil 977 aspirantes fracasados (La Prensa 9-3-07) que podrían convertirse en estudiantes universitarios. Pero es mala, pésima, para la formación de profesionales. En la UP de Colón, pasaron la prueba de admisión solamente 570 de mil 362 aspirantes. El año pasado el 67% logró el 1.0 y fracasó el 33%. Así que tal como pintan las cosas, a todos los que no fueron admitidos les tengo un consejo: tengan paciencia, aún hay esperanzas de que la UP los reciba aunque tengan un vocabulario casi monosilábico; no tendrá importancia que no sepan hilvanar o expresar una idea; tampoco que "anden a pie" en geografía, historia, matemáticas o física; o que ignoren las reglas gramaticales u ortográficas y no sepan, después de leer un texto lo que este decía. En vista de la medida adoptada por la UP, nada me impide pensar que los exámenes de admisión pasarán a ser cosa del pasado. ¡Fuera los latosos exámenes que le hacen perder el tiempo a los profesores y los estudiantes! ¡Qué entren todos sin impedimentos de ningún tipo! Que la democracia sea tan perfecta que no se discrimine ni por fracasar los exámenes. La UP abriría sus puertas de par en par y de allí en adelante sería como ir en patines; el país se llenaría de diplomas universitarios ganados a pesar de sufrir de anemia académica o parálisis intelectual. Porque importa más la cantidad que la calidad aunque vayamos "para atrás, como el cangrejo".
No hace falta ser especialista en educación para concluir que los resultados de los exámenes confirman de manera "más clara que el agua de la tinaja", que los graduados de secundaria carecen de los conocimientos indispensables para estudios superiores; y que estas carencias son el resultado, a su vez, de deficiencias que arrancan en la escuela primaria; que no corresponde a la UP subsanar con rápidos cursos de reforzamiento que no creo que puedan salvar deficiencias tan agudas. En esta cadena de deficiencias se enlazan los maestros formados, a su vez, por malos profesores y maestros; el uso de métodos y programas anacrónicos que han echado telarañas en el Ministerio de Educación; el estímulo de la memorización en vez del análisis (menos esfuerzo para el maestro); estudiante que escuchan (si es que escuchan) a maestros abúlicos, sin creatividad, que recitan conceptos como aburridas letanías. Sume las pésimas condiciones físicas de las escuelas; la desintegración familiar; la desnutrición; una sociedad que no estimula la cultura, acogotada por la apabullante influencia de los modelos negativos de la televisión y de música embrutecedora y casi primitiva con mensajes que en vez de elevar, degradan.
También tienen su tajada de responsabilidad en la mediocridad educativa, los ejemplos nada enaltecedores de una clase política que no dedica a la educación y la cultura los recursos que la sacarían del estancamiento en que se encuentran. El resultado salta a la vista: muchachos sin interés ni incentivos para el estudio. De poco sirve crecer económicamente si no se puede llenar la demanda de personas con una educación más completa, formados integralmente tanto en lo humanístico como en en ciencia y tecnología.
Vale preguntarse si lo que persigue la UP es masificar la educación, no la elevación del nivel académico de los estudiantes, o si el interés es mostrar estadísticas "favorables". Habrá miles y miles de graduados universitarios pero el prestigio de la Universidad de Panamá, nacional e internacionalmente, seguirá desplomándose. No se trata de convertir a la UP en un centro elitista y excluyente pero ¡exageraciones tampoco! Rebajar el puntaje de admisión no es una medida acertada; y peor aún, si se hizo por presiones de grupos políticos como el Frente Universitario de Acción Revolucionaria, que incluso pedía bajar aún más el índice (La Prensa 16-3-07). En la UP (y en todas las universidades) debe admitirse el estudiante "que se quema las pestañas" estudiando, no importa su condición social o económica. En vez de facilitar la entrada a estudiantes mediocres, la UP debería, aunque suene duro, poner mayores exigencias académicas porque los estudios superiores no son como irse de rumba. El Ministerio de Educación debería encarar con urgencia este problema que sigue sin resolverse, entre otras razones, porque siempre choca con docentes reacios a cambios que los obligue a mayores esfuerzos y estudios. Y porque nunca falta "la mano peluda" de la política.
Intuyo que tendré que escuchar y leer enjundiosas explicaciones para justificar el benévolo 0.7. Pero por mucho que me doren la píldora será difícil hacerme entender que esta laxitud académica no fomenta la mediocridad, o que no es casi un premio para los que no se esfuerzan en el estudio. "Libre, y para mí sagrado, es el derecho de pensar. La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos", dijo Benito Juárez.
La autora es comunicadora social
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