| ANIVERSARIO. CUATRO AÑOS DE FUEGO CRUZADO.
El Vietnam de Bush
La división en Estados Unidos se ha profundizado tras los resultados de la guerra en el Golfo Pérsico.
Una derrota en Irak podría ser peor para Washington que la sufrida contra los comunistas en Asia.
| AP/Shahrzad Elghanayan |
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| NUEVA YORK. Mientras siete soldados estadounidenses morían ayer en un distrito chií en Irak, miles de adversarios de la guerra marcharon por las calles de Manhattan para reclamar el fin del conflicto. 822538 |
WASHINGTON, EU
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Cuando se cumplen, mañana martes, cuatro años del comienzo de la guerra en Irak, el balance resulta bastante amargo para el presidente de Estados Unidos, George W. Bush: más de 3 mil 200 soldados muertos y más de 24 mil heridos –solo en el bando estadounidense– y un desembolso de casi 500 mil millones de dólares hasta 2008. Sin embargo, no se divisa el fin de esta aventura militar.
La sociedad estadounidense está profundamente dividida y se siente insegura respecto a la "guerra mundial contra el terror". La pesadilla de que Irak se convierta en el Vietnam de Bush hace tiempo que va tomando forma: el reciente envío de un nuevo contingente de soldados recuerda a muchos los discursos de resistencia de finales de los años 60.
Sin embargo, son muchos los que temen que las consecuencias de una derrota estadounidense en Irak sean mucho más desastrosas que la de entonces contra los comunistas en el sudeste de Asia.
Incluso muchos demócratas que se oponen a la guerra, como la senadora Hillary Clinton, advierten ahora del peligro de una "retirada precipitada", puesto que Irak quedaría inevitablemente sumido en el caos y se convertiría en bastión de las fuerzas radicales antiestadounidenses. Y entonces, las tropas estadounidenses "tendrían que regresar tarde o temprano", opina el asesor de seguridad estadounidense Stephen Hadley.
El motivo por el que comenzó la guerra –la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak– resultó carecer de fundamento, y como figura simbólica del fracaso de la estrategia estadounidense, el entonces secretario de Defensa Donald Rumsfeld se vio obligado a marcharse.
Si bien es cierto que la ofensiva militar, que contó con unos 170 mil soldados en el bando aliado, bastó para derrocar rápidamente al dictador Saddam Hussein, las fuerzas de coalición no han logrado garantizar ni estabilidad ni seguridad, algo que ni siquiera debería ser tarea suya. Pero Irak, en lugar de convertirse en un "faro de la democracia", como esperaba Bush, pese a haber celebrado elecciones con éxito y aprobado una Constitución, se está convirtiendo cada vez más en un escenario de caos y terror.
Muchos políticos estadounidenses temen que la guerra de Irak deje una gigante hipoteca a su política exterior mucho más allá del mandato de Bush, que finaliza en enero de 2009. "Al final de la carrera de descenso (en Irak) está el conflicto con Irán y gran parte del mundo islámico", escribió el ex asesor de seguridad Zbigniev Brezezinski.
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