| ANÁLISIS. EN AUMENTO LA PERCEPCIÓN DE INSEGURIDAD.
Con el miedo entre los huesos
Un solo crimen basta para que la gente sienta que la delincuencia va ganando la batalla.
La seguridad es uno de los más básicos instintos de conservación del ser humano.
| LA PRENSA/Archivo |
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| CIFRAS. Entre enero y febrero de este año se denunciaron mil 348 delitos contra el patrimonio en el Centro de Recepción de Denuncias del Ministerio Público, correspondientes a casos de la capital.820842 |
Rafael Luna Noguera
rluna@prensa.com
"No sé qué piensan los demás y, a decir verdad, no me importa. No sé si la Policía hace su trabajo o si las cifras han bajado. Pero lo cierto es que yo ando nerviosísima, a la expectativa de que algo malo me pueda pasar y eso ya me tiene cansada. Estoy pensando en comprarme un arma", dijo Adriana Ochoa* al ser consultada sobre lo que piensa en cuanto al clima de inseguridad que se percibe en el país.
Como ella, decenas de panameños admiten tener miedo a causa de la criminalidad y así ha quedado reflejado en los sondeos realizados por diferentes firmas, entre estas la alemana GFK, que, entre enero y febrero pasados, calculó por primera vez en Panamá el Índice de Seguridad Ciudadana y descubrió que 78% de los mil 200 entrevistados percibe un aumento de la delincuencia en el último año, mientras que el 75% cree que será peor en el futuro.
Pero, ¿en verdad han subido las cifras? Según los registros del Centro de Recepción de Denuncias del Ministerio Público, la variación porcentual es mínima.
Si se toman en cuenta las mil 274 denuncias de hurtos, robos y otros delitos contra el patrimonio reportadas entre enero y febrero de 2006, y los mil 348 casos contabilizados en esos mismos meses de este año, el aumento es de 74 casos o 5.4%.
Instinto de supervivencia
El asunto, entonces, parece no estar relacionado con los números. Como dice la directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá, Aida Selles de Palacios: "El problema es que la seguridad es uno de los más básicos instintos de conservación del ser humano, y frente a un clima de delincuencia se aplica el principio criminológico según el cual ‘todos podemos ser víctimas’. Si a eso le sumamos el grado de violencia de los crímenes que ocurren en Panamá, aunque sean pocos, y la difusión reiterada de esos hechos a través de los medios de comunicación, el resultado es una amplia percepción de inseguridad".
Además de esas variables, la experta opina que también inciden los pocos o muchos casos de corrupción que se reportan en los organismos de seguridad del Estado, y la aparente minusvalía de estos frente a la sofisticación del crimen organizado, lo cual genera en la población una sensación de que el hampa va ganando la batalla.
El director del Centro de Recepción de Denuncias del Ministerio Público, Héctor Zarzavilla Tejada, comparte el criterio de la criminóloga en el sentido de que las matrices de opinión pública generadas por los medios contribuyen a generar el sentimiento de incertidumbre y miedo que se aprecia en la gente común.
No obstante, el funcionario no se opone a la difusión de esas noticias pues, según su opinión, reflejan lo que ocurre en el país.
Recuperación prolongada
Para el psiquiatra forense Publio Velasco, el meollo del asunto no radica en la información de sucesos que transmiten los medios de comunicación, sino en el largo tiempo al que han estado expuestos los panameños en relación con el tema de la delincuencia.
"Es como si usted golpeara por un largo tiempo a su hijo y de repente dejara de hacerlo. El niño, sin duda, tardará mucho tiempo en recobrar la confianza", precisó.
*(El nombre fue cambiado a petición de la fuente).
Las contradicciones de la realidad panameña
El sociólogo Marco A. Gandásegui no duda al explicar que el fenómeno de la criminalidad está íntimamente relacionado con las condiciones económicas de la gente. Así, mientras mayor empleo hay, menor es el índice delictivo.
En Panamá, precisa, cerca de 40% de la población económicamente activa tiene un empleo fijo; mientras que el otro 60% no trabaja o se ubica dentro de lo que los gobiernos suelen llamar la economía informal.
Pero frente a esta realidad se plantea una contradicción -puntualiza Gandásegui- y es que, mientras el sector informal de la economía crece año tras año, las cifras de delincuencia, por el contrario, parecen bajar o, en todo caso, mantenerse.
Por esa razón, el sociólogo propone a las autoridades una revisión minuciosa de las estadísticas criminales, que incluya la comparación entre los índices de la capital y los de las provincias y, dentro de la capital, el cotejo de los diferentes corregimientos.
Solo después de un análisis de ese tipo, concluye, podrá determinarse el por qué la gente percibe un recrudecimiento de la delincuencia.
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