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Panamá, viernes 16 de marzo de 2007
 

VALORES TRASTOCADOS.

A la sombra de la lealtad

Mariela Sagel

La lealtad, fidelidad y el agradecimiento son valores que en los diferentes aspectos de la vida, se han visto totalmente trastocados y no se imparten como educación básica a las generaciones que nos siguen. Lealtad es el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien. Fidelidad, en el amplio aspecto de su significado, es lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona y principalmente ser consistente tanto en las actuaciones como en las creencias. El agradecimiento, aunado a la lealtad, crea vínculos que deben perdurar toda la vida, a menos que una traición se meta de por medio. Claro, una traición puede extinguir la lealtad, pero no el agradecimiento. Éste es la capacidad de sentir gratitud, demostrarla o dar gracias y dicho de una manera muy sencilla: Corresponder al trabajo empleado en conservarla o mejorarla.

Todo esto viene a colación por los desmadres políticos que vemos y hemos vivido en los últimos años. Tránsfugas es una palabra que los define muy bien, ya que significa persona que pasa de una ideología o colectividad a otra, para referirse a los que van de partido en partido. No sé cómo le llamaríamos a los malagradecidos, los que olvidan quién los distinguió, quién les dio la mano a riesgo de su propio prestigio o posición. Hay personas que se olvidan que si no fuera por esas distinciones y oportunidades, quizás su nombre no tendría ninguna resonancia en el ámbito político.

Traigo esto a colación porque a diario vemos cómo un potencial candidato, con muchísimo poder económico, se dedica a despotricar contra presidentes a quienes en su momento sirvió y cuyas políticas defendió. Los calificativos a los que ha llegado ya rebasan lo éticamente aceptable y me adelanto a advertir que la campaña política que vendrá en dos años y medio puede ser muy sucia y denigrante para la sociedad panameña.

Es lógico que las personas que están en la oposición, léase partidos que no están en el poder, critiquen las ejecutorias del gobierno de turno. No les queda de otra, sobre todo con la clase de atomización que sufrieron después de las pasadas elecciones. Son todos partidos partidos, y seguro vendrán más escisiones, al momento de elegir a un candidato para la presidencia. Pareciera que en Panamá todo el mundo aspira a ser presidente de la República.

Más duro y doloroso es ver cómo personas a quienes se les llevó de la mano al puesto que ostentan, aunque se lo hayan ganado con votos (el padrino que llevó a su ahijado); a quienes se distinguió con posiciones cimeras como puede ser la junta directiva del Canal de Panamá y cuyos padres fueron figuras prominentes en el gobierno de su mentor; o quienes llegaron a ocupar cargos que ninguna mujer antes había ocupado, se voltean a atacar, con el más débil de los calificativos o argumentos, a un posible contendor. Aún peor es el gesto de malagradecidos de parte de quienes se ha rescatado de las manos de autoridades de gobiernos extranjeros. A la sombra de las ambiciones políticas, parece que todo vale, aunque se tenga una deuda de lealtad de por medio.

Me preocupa mucho lo visceral que se han vuelto nuestros políticos, el nivel de respuesta inmediatista y denigrante que utilizan para rebatir argumentos. Creo que es suficiente tener que estar tomando decisiones políticas a diario como para, además, ocuparse de descalificar a un contendor. No practico que en política todo se vale. Hay una cuota de respeto y lealtad que hay que guardar. Dejo estas inquietudes para que al conformar un pacto ético electoral, no estemos como bomberos apagando fuegos a diario, sino elevar el grado de debate a uno que beneficie a toda la ciudadanía, que deposita su fe y su esperanza en un futuro mejor para todos y cada uno, y para el país, en el liderazgo de un candidato determinado.

La autora es arquitecta y fue ministra de Gobierno y Justicia



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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