| PRIVILEGIOS.
Panamá, el país perfecto
Marie L. G. De P. de Cornejo
Panamá es un país privilegiado en muchísimos aspectos. No tenemos problemas de devaluación de moneda, de conflictos religiosos, de peleas por salidas al mar, de volcanes en erupción ni de terremotos y menos de tsunamis. No hay superpoblación. No hay terrorismo. Somos relativamente pequeños, por lo que nuestros problemas deberían ser relativamente pequeños. Entonces, ¿qué es lo que nos lleva a tantos conflictos? Nuestro real y único problema es que somos perfectos.
Acabamos de pasar unos perfectos carnavales. Con un perfecto presupuesto de tres millones para derrochar y celebrar. Este fue el perfecto preámbulo para empezar un perfecto año escolar sin bancas, ni techos, ni laboratorios disponibles, ni maestros en sus puestos de trabajo. Estas son las perfectas herramientas para labrar el futuro de los jóvenes panameños.
Tenemos empresarios y constructores, indudablemente perfectos. Todo lo que hacen, dicen y proyectan es a la perfección de sus intereses personales y no de quienes consumen sus productos, laboran en sus empresas o viven en sus proyectos habitacionales.
Contamos con asociaciones de servicios públicos como el de la salud y el transporte tan perfectos que sus dirigentes no encuentran razón del porqué de las quejas de sus usuarios. Por lo tanto, amenazan con soberbia perfección a paros generales.
Y ahora con el proyecto de reforma al Código Penal, que perfecciona y favorece la reincidencia criminal, el enriquecimiento ilícito, la violencia doméstica y limita la divulgación de la información, se espera ansiosamente que los ciudadanos acatemos este perfecto atropello.
Ciertamente, Panamá, muy lejos de ser perfecta está acumulando errores que pronto afectarán nuestra estabilidad nacional. Si solamente se reemplazara la forma "perfecta" de pensar y actuar por la forma "correcta" de pensar y actuar, tendríamos muchas cosas menos porqué preocuparnos.
La autora es panameña residente en EU
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