La próspera provincia chiricana abrió ayer las puertas de la Feria Internacional de David. Panameños y extranjeros se maravillarán de la calidad del ganado vacuno que se cría en su campiña o los productos que crecen en su productiva tierra. Pero también podrán admirar su florecimiento, la belleza de su paisaje montañoso o la de sus costas.
También vivirán la experiencia de ver jugar o conocer a los héroes deportivos que nos ha dado el brillante Valle de la Luna, sin dejar de disfrutar de la compañía de su gente, laboriosa y hospitalaria. Ubicada en el extremo oeste del país, Chiriquí construye a puro pulso su propio futuro y ha cincelado admirablemente su progreso. Pero no podemos olvidar que en sus entrañas están asentadas algunas de las poblaciones más pobres del país, especialmente indígenas, que viven en una miseria inaceptable.
Esos chiricanos –que son tan panameños como el que más– también deben recibir las mieles de la bonanza nacional. Hoy extendemos un abrazo de hermano al orgulloso pueblo chiricano, icono de empeño, pujanza y desarrollo. |