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Reportaje especial
Panamá, viernes 9 de marzo de 2007
 

CHINA.

La verdadera amenaza

Tras el reciente anuncio de China sobre un aumento oficial de 18% en su presupuesto militar para 2007, el subsecretario de Estado de Estados Unidos, John Negroponte, solicitó que China sea más transparente con respecto a sus verdaderos niveles de gasto en la defensa y sus intenciones. La coincidencia del anuncio de China con la visita de Negroponte genera el riesgo de transmitir la impresión de que China se está convirtiendo en el peligroso adversario militar que conservadores ultra ortodoxos han pronosticado desde hace años.

La realidad es muy diferente. Existen razones para preocuparse con respecto a la creciente participación de China sobre el escenario mundial, pero éstas tienen menos que ver con el poderío militar que con la influencia económica de China y el desdén del régimen hacia los derechos humanos, tanto en escala interna como en el extranjero.

De hecho, la dirigencia china se sigue mostrando tan neurótica como siempre con respecto a Taiwan. Se quejó con Negroponte acerca del plan de la administración (Bush) para venderle 400 misiles a Taiwan. Él tenía que asegurarles a sus anfitriones que el trato de misiles no altera, de ninguna manera, el compromiso que Estados Unidos alberga desde hace largo tiempo en cuanto a la política de una sola China.

Más allá de su susceptibilidad con respecto a Taiwan, los dirigentes chinos también están teniendo altercados con vecinos a causa de islas y recursos submarinos en el Mar del Oriente de China y el Mar del Sur de China. Sin embargo, no hay indicaciones de que estas discusiones por los recursos pudieran convertirse en una causa para ir a la guerra en contra de enemigos históricos, como Vietnam o Japón.

Este lunes, uno de los portavoces del Congreso Nacional Popular repitió una garantía, que ya es una fórmula, cuando dijo: "China está comprometida con seguir la senda del desarrollo pacífico". Por su parte, Negroponte trazó una distinción crucial, diciendo: "No es tanto el presupuesto y los aumentos como lo es la comprensión de estos aspectos a través del diálogo y los contactos". Esto fue una forma sutil de expresar que la necesidad de Washington por la transparencia tiene menos que ver con las capacidades de China y más con sus intenciones estratégicas.

La equilibrada reacción de Negroponte al presupuesto militar de China refleja un entendimiento en cuanto a que China dejó de ser una potencia revolucionaria desde hace mucho tiempo. Muy pocos países tienen un mayor interés en juego en la preservación del presente orden mundial, arraigado en una economía globalizada con sus flujos libres de bienes, servicios y capital.

Más bien, la mayor amenaza proveniente de Beijing se materializa a partir de su búsqueda de recursos energéticos, comercio, así como ganancias a expensas de los derechos humanos. China, como uno de los inversionistas preeminentes en las reservas petroleras de Sudán, ha estado financiando los crímenes genocidas de ese régimen en la región de Darfur. Aunado a lo anterior, Beijing también actúa como el principal aliado de la dictadura militar de Birmania (Myanmar) y como un amo despiadado en Tíbet.

Todo parece indicar que las democracias de libre mercado en el mundo se muestran indiferentes hacia la participación de China como un facilitador de regímenes asesinos. Así que queda en manos de la sociedad civil en el ámbito internacional presentarle un desafío a Beijing y enseñarles a los dirigentes de China que no puede haber una senda hacia el desarrollo pacífico que no conduzca hacia los derechos humanos. Esa es la lección que debe ser enseñada por grupos de los derechos humanos que planean catalogar los Juegos Olímpicos de Beijing de 2008 como la Olimpiada del Genocidio.

The New York Times (editorial)



 
 
 
 
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