| ENCUENTRO DE PRIMERAS DAMAS.
Almorzando con una amiga
Vivian Fernández de Torrijos
Con su acostumbrada calidez, Laura Bush me recibió en la Casa Blanca. Ésta sería la quinta vez que tenemos la oportunidad de vernos y conversar, de cultivar una amistad que nació en Panamá e intercambiar ideas y proyectos. Desde que llegué a Washington sabía que el encuentro culminaría con un almuerzo, la Primera Dama había hecho saber a nuestra avanzada que deseaba un encuentro casual, sin protocolo, fuera de la Casa Blanca. Y así fue. Me llevó en su camioneta a Café Milano, Georgetown, con la informalidad de un encuentro entre dos amigas para almorzar y compartir un grato momento.
Literalmente, Laura Bush me hizo sentir como una amiga con quien comparte inquietudes, responsabilidades y, principalmente, la carga de equilibrar el trabajo de madre, profesional y, por supuesto, esposa del presidente. Laura pertenece a una generación distinta a la mía, pero su entusiasmo y trato es el de una mujer joven, con energía y de un profundo compromiso con la gestión de su esposo, George W. Bush, y con el pueblo americano.
Conversamos de muchísimos temas, como bibliotecaria, ella está dedicada en cuerpo y alma a elevar los niveles de lectura de estudiantes de primaria y secundaria de EU. Igualmente tiene una agenda internacional orientada hacia la salud y la prevención de enfermedades mortales que con orientación se erradicarían, como es el caso de la malaria, el virus del VIH, cáncer y enfermedades del corazón.
Hoy día recorre el país en campaña de prevención sobre ataques cardíacos con la campaña de Truth Heart.
Hablamos ampliamente sobre educación, sobre la importancia de los primeros años de preescolar, el tráfico de niños en nuestros países, y le expuse dos de los temas que nuestro gobierno ha impulsado con ahínco: "Educación inclusiva" y "Conéctate al Conocimiento". También tuve la oportunidad de comentarle sobre el reto de cambiar las "escuelas rancho" por "escuelas dignas".
Laura se interesó por saber más sobre el Programa de Inclusión en Panamá y compartió experiencias exitosas del tiempo en que su esposo era gobernador de Texas y ella impulsaba programas de lectura para niños con discapacidad. Me expresó su interés de armar una "esquina americana o american corner" en alguna biblioteca de Panamá auspiciada por ella, lo que me dio pie para invitarla a inaugurarla una vez esté lista.
Laura Bush es una de esas mujeres que brilla por sí misma. Puedo asegurarlo al conocer su trayectoria y por los encuentros personales que hemos tenido. Es una esposa que suma mucho a su esposo; una mujer corona de su marido y cuyo papel ha trascendido las fronteras de la institucionalidad o establishment en inglés. Su capacidad analítica y don de gentes le agregan contenido a la administración Bush, haciéndose acreedora del respeto de propios y extraños.
Al entrar en los temas de política doméstica americana, me dijo que le parecía bastante adelantada en el tiempo, me sentí identificada con la política criolla panameña y así se lo comenté. Ella me respondió mirándome con sus intensos ojos azules, "lo bueno que se adelanten las campañas, es que el spotlight, foco de atención, se mueve hacia otros y así podemos hacer mejor nuestro trabajo". No estoy segura que suceda lo mismo en Panamá.
Su fuente de inspiración es su esposo, el presidente George W. Bush, y el sentido de su vida se lo dan sus mellizas Jeena y Barbara (los nombres de las abuelas). Tema obligado de nuestro almuerzo fue Jeena, quien ha vivido en Panamá y se ha convertido en una admiradora de nuestro país, al punto que el presidente Bush le comentó al presidente Torrijos, antes de empezar su reunión, que Jeena era la mejor "embajadora de Panamá" dentro de su casa.
Agradezco a la Primera Dama de los EU la deferencia que tuvo y sus muestras de cariño y amistad sincera; la posterior visita a su casa, luego del almuerzo, donde le envió, como recuerdo de San Valentín a mis tres hijos, unas fotos que muestran el cariño que se tienen como dos buenos amigos su perro y gato; el tour personal que les organizó para que conocieran el gran monumento de la Casa Blanca, pero sobre todo, aprecio que la esposa del presidente del país más poderoso del mundo, saque tiempo de su agenda para almorzar con la esposa del presidente de Panamá en público, expuesta a los medios y que además lo disfrute.
Realmente más que una reunión almuerzo, fue el encuentro de dos amigas.
La autora es primera dama de la República
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