PARLAMENTANDO
¿FATALIDAD? La Asamblea volvió a organizar la ceremonia de cada año: la misma liturgia, el mismo protocolo y los mismos personajes alejados de la realidad. Por ejemplo, se alegó que lo sucedido en las sesiones extraordinarias con el proyecto de Código Penal fue "un adelanto". Bueno, en realidad es una forma muy optimista de ver lo sucedido, pues para la mayoría de los panameños se trató de un despilfarro innecesario de recursos.
Las sesiones extraordinarias no son para "adelantar" trabajo, sino para hacerlo hasta el final y hacerlo bien. Me dicen que los diputados –especialmente los miembros de la Comisión de Gobierno– quisieron hacerle el mandado al Ejecutivo para poder darle trámite pronto al proyecto que crearía una nueva Sala en la Corte y terminar con el control que ejercen dos ex mandatarios en ese importante Órgano del Estado. Esto deja en evidencia que los diputados siguen sin entender su labor. Y es que los proyectos que surgen por su iniciativa son sobre temas tan baladíes como aquel sobre el himno nacional, el águila arpía del escudo o el "día de los valores familiares", como si el ejemplo que dan cada día no fomentara la pérdida de esos valores. Pero, mientras los diputados siguen despistados y sin enterarse, las tragedias que antes eran casi desconocidas para los panameños siguen produciéndose.
La última, ya sabemos, tuvo al histórico Casco Antiguo de la ciudad como escenario. Ahora, todos los funcionarios que pudieron prevenir lo sucedido se rasgan las vestiduras y se apresuran a trabajar a posteriori, mientras siguen desoyendo las advertencias ciudadanas en torno al crecimiento urbano que está acabando con todo lo verde que está en su camino. Estos días alguien me recordó una frase aparecida en el Amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez y que viene a cuento: "si cosas peores no ocurren, no es porque hagamos algo para impedirlo, sino por una mera distracción de la fatalidad". Bueno, parece que la fatalidad dejó de estar distraída en Panamá. Y los diputados, sin enterarse.
Lina Vega Abad
lvega@prensa.com
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