| CORRUPCIÓN.
Periodismo amordazado y libertad de expresión
Eudoro Silvera
Henri Bergson, filósofo francés que planteó la intuición como conocimiento anterior y superior, a través de la experiencia, del "élan vital" o la verdadera naturaleza del tiempo, la cual no se puede medir exclusivamente en términos matemáticos, y quien obtuvo por su obra el Premio Nobel de Literatura en 1927, nos dice en su famoso libre Le Rire (La Risa) que "Los hombres públicos carecen de vida privada".
O sea que si usted es ministro, diputado, presidente, juez o magistrado o simplemente un hombre famoso, usted no puede hacer nada que no esté expuesto a la crítica y sus actuaciones públicas serán condenadas o ensalzadas por los medios de comunicación masiva porque usted es noticia, o sea que usted no puede usar el poder judicial para ocultar o negar algún acto suyo, pues ese acto público nos afecta a todos y nos afecta porque somos los contribuyentes quienes pagamos por el enriquecimiento ilícito de los altos funcionarios (como lo han hecho tantos con dineros del pueblo guardados en instituciones públicas como el Banco Nacional), desde el Presidente hasta el más oscuro magistrado. También pagamos con nuestras vidas cuando tenemos la temeridad de ingerir un medicamento producido por el Seguro Social.
Pero en Panamá, contrario a toda lógica, los personajes públicos se roban los dineros del Banco Nacional, de la Caja de Seguro Social, de puentes de los cuales no existen ni planos (Van Dam); venden visas a extranjeros que nunca oyeron hablar de Panamá y cuando se hacen de una querida, o la nombran con un sueldo altísimo o la mandan al extranjero por cuenta de nosotros los contribuyentes. ¿Quién paga la cuenta? El pueblo por supuesto.
Porque lo que más alienta a los nuevos ricos y a los ricos ladrones es la impunidad de que gozan, pues un aspirante a nuevo rico lo único que tiene que hacer es colarse en el partido que gobierna y empezar a repartir coimas.
Ergo: los que se roban unos cuantos miles van directo a la cárcel ; los que se roban millones gozan de ellos y hasta son reelegidos en sus altos cargos, ya que sus electores piensan "si no robo porque no puedo, por lo menos puedo vender mi voto".
Ya sabe: si Ud. es un alto funcionario público, piénselo bien antes de cometer un acto doloroso, pues Ud. no tiene vida privada: todo lo que Ud. hace es público.
El autor es periodista
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