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Reportaje especial
Panamá, sábado 3 de marzo de 2007
 

NATURALEZA.

Un rincón para el rugido del jaguar

Modesto Tuñón

La primera experiencia que tuve con un zoológico fue cuando visité el Tierpark en el lado este de la ciudad de Berlín, uno de los más amplios de Europa, no solo por su extensión, sino por la variedad de especies animales tanto locales, como importadas desde todos los confines del planeta.

Los animales que se encuentran en dicho recinto asombran porque difícilmente se puede apreciar tal variedad en un solo lugar. Por ejemplo, el serpentario impresiona desde la entrada, pues se siente la temperatura y humedad. Los osos polares juegan en un ambiente artificial que semeja las regiones árticas.

Los alemanes conservan aquí una de las más impresionantes colecciones de especies, algunas de pueblos muy lejanos y otras que se han extinguido en ese país europeo.

Los grupos humanos siempre tendrán una cercanía con la fauna. En México, cuando se visita el Museo de Antropología, se percibe cuán cercano están los animales de la evolución de las culturas. Piedra, metal, barro y madera son la materia prima que adquiere forma de jaguares, serpientes, aves, monos, entre otros.

En la ciudad de Zacatecas, también en México, está un museo dedicado a las máscaras; allí se encuentran las interpretaciones de animales domésticos y salvajes que rodean el imaginario de las etnias y más de 3 mil máscaras de todo tipo atraen al sorprendido visitante.

Pero, entre estas máscaras, sobresalen las de jaguares, representación que han producido casi todas las culturas. Su piel moteada asombra, atemoriza, infunde respeto y paraliza cuando el felino ruge de manera estentórea a través de la vegetación que magnifica dicho sonido.

Cuando la selva era extensa y continua, el jaguar pudo subir en la cadena que los biólogos llaman alimenticia y ubicarse en la cúspide entre los animales terrestres, mientras que el águila lo hizo en el aire. Quien está arriba, se alimenta de los eslabones o peldaños que están más abajo.

Pero la selva, merced al espíritu invasor del hombre, se redujo, se hizo intermitente; la población de jaguares se empequeñeció y se convirtió en presa de cazadores, finqueros, ganaderos quienes con su espíritu de terratenientes, pusieron precio a la cabeza y garras de este amo de las selvas, que había extendido su dominio a lo largo del hemisferio.

En Centroamérica se creó el concepto de Paseo Pantera para describir metafóricamente el territorio donde se movían los grandes gatos. Pero el crecimiento urbano empezó a reducir los senderos, a crear parches, a abrir la espesura de la selva y a diezmar a estas especies.

Alan Rabinowitz, director de Ciencia y Exploración de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, asociada al Museo de Nueva York, es una de las autoridades mundiales en el estudio de este felino y estuvo en Panamá en 2006; aquí explicó la relación entre esta bestia y el ecosistema. La presencia del jaguar manifiesta la salud del ambiente selvático.

En el parque XCaret en la ribera Maya, cercana a Cancún, México, se exhiben jaguares que se pasean por una especie de meseta que se yergue sobre un foso. Al observarlos, se siente la inquietud e imponencia de las fieras.

El parque municipal Summit, en las áreas revertidas vecinas a la ciudad de Panamá, tendrá un escenario semejante, gracias a una iniciativa que promueve el alcalde de la urbe capitalina y que será financiada por la empresa privada. Aquí se creará un espacio con todas las facilidades que brinda la tecnología para convertirse en un refugio y centro de exhibición de jaguares.

Mundo Jaguar es el proyecto que albergará a esta especie y propiciará la captura de ejemplares que constituyan problemas para poblados y fincas que bordean la selva. Así no será necesario exterminar felinos y se entregarán para su conservación, reproducción, estudio y como parte de una oferta turística a la creciente oleada de visitantes.

El proyecto Mundo Jaguar es una noticia trascendente. Los panameños, a diferencia de los alemanes, no requerirán importar este felino; la bestia contará con un rincón cercano a la ciudad para emitir su rugido en las madrugadas y se paseará en un ámbito húmedo, tropical, mientras a un costado, las aguas del Canal de Panamá seguirán en su labor de dejar fluir incesantemente las embarcaciones de uno a otro océano.

El autor es periodista



 
 
 
 
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