Panamá vive un momento de euforia constructora y desarrollista y eso alimenta positivamente las cifras de la macroeconomía. De momento, no se ha podido constatar que este boom se haya transferido a la gente más necesitada de nuestro país. Más bien, ha sido la oportunidad para que algunos hagan excelentes negocios y, eso sí, para dar una imagen dinámica y positiva del país en el exterior.
Pero, como casi siempre, desde afuera nos aterrizan y ponen por escrito lo que también es una preocupación: ¡las construcciones y los casinos pueden ser la tapadera para el blanqueo de capitales! Son muchos los ejemplos que demuestran que esto puede ocurrir: los narcos colombianos revolucionaron el sector inmobiliario en Medellín y Cali en los años 80, y en España hay decenas de políticos y promotores encarcelados por combinar construcción, y corrupción.
No es un tema baladí y hay que tener cautela para mantenernos alejados de este peligro. Las autoridades deben utilizar el poder regulatorio y vigilar lo que ocurre y quienes están detrás de las construcciones y las tragamonedas.
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